viernes, 20 de noviembre de 2015

Violencia contra los hombres

En los últimos días ha ocupado un lugar muy importante en la opinión pública el tema de la violencia de género, el cuál es completamente real y existente. Entiendo la sensibilidad femenina y acepto los testimonios donde alegan lo intimidante y abusivo que puede ser para ellas el caminar por las calles, expuestas a los gritos, piropos pasados de tono, tocadores furtivos, samueleadores tecnológicos, depravados sexualizando todos sus actos, el miedo de montarse a un taxi tarde en la noche, lo molesto de estar expuestas a los avances no deseados, los dobles estándares para el comportamiento de hombres y mujeres y el ser culpabilizadas por toda esta gama de abusos debido a la forma en que visten o se comportan.
Lo que no acepto es cuando dicen esa majadería de: “Solo las mujeres entendemos lo que es la violencia de género a la que nos someten los hombres”, eso me parece un elemento manipulador y absolutamente incorrecto.
Cualquier hombre ha visto o experimentado en carne propia los terribles efectos de la violencia relacionada con los estereotipos de género, y cuando digo violencia me refiero a pichazos, patadas, codazos, botellazos, balazos, puñaladas y lo que se les ocurra. Me refiero también al miedo, a la vergüenza, a la inseguridad, al desprecio, a la soledad y el total rechazo femenino.
Todos vimos como los compañeros amanerados eran acosados y abusados, como nadie salía del closet por miedo, los flaquitos, debilitos o con aficiones distintas eran diariamente vergueados, asaltados, humillados por un grupo de matones, que no casualmente eran los que barrían con todas las muchachas guapas, validando todo el machismo adolescente con sus cuerpos.
Mismo proceso de validación que luego continua con las viejas vagabundas que son educadas para buscar a su macho proveedor, excluyendo en el proceso a hombres trabajadores y decentes, dispuestos a amarlas y luchar por ellas, menospreciando a los débiles de mente que se la pasan inflando tarjetas, comprando celulares con planes infinitos, carros fiados por la mitad de su salario, llevando a otros aún más estúpidos a sumirse en actividades ilegales para cumplir con los inalcanzables estándares que impone esta sociedad de consumo, en que las mujeres son -para su desgracia, pero también por su voluntad- otro bien de consumo.
Esto evidentemente no aplica a todas las mujeres, pero no digamos que es frecuente ver a una muchacha con pinta de modelo montándose a un taxi pirata para ir al Bristol, o compartiendo medio cantonés. Es un hecho lamentable que cada día hay más mujeres que tienen uno guapo para divertirse y otro más viejito para pagarle las cuentas, y lo más triste del caso es que la sociedad justifica por completo este comportamiento, de hecho lo asume como lo normal.
Y aunque las mujeres se quieran atribuir el monopolio de la violencia de género, cada vez que se escuche un ruido en la noche es el hombre quién tiene que ir a jugarse el cuero, el que paga las cuentas, el que se pelea cuando le dicen el piropo vulgar, el que abre las tapas de los frascos de mayonessa, el que necesita el trabajo bueno y el carro caro, el que arregla la tubería, el que se sube al techo a tapar la gotera, el que no puede llorar o expresar sus sentimientos, el que debe llevar siempre la iniciativa en el sexo, y a la vez ser juzgado como el único verdugo en esta sociedad enferma de estereotipos.
Pues no, hombres y mujeres somos tan víctimas como victimarios de esta sociedad de mierda en que nos tocó nacer, y seguimos perpetuando para nuestros hijos, como si la culpa fuera solo de los obreros de construcción.

No hay comentarios: