Se lo juro por Dios que ya me harte de todo esta vara, ya no quiero ser de pueblo, ya no quiero tener acento ni reconocer a otros domingueños al otro lado de la mesa. Hace más de 10 años salí de Santo Domingo pero Santo Domingo no termina de salir de mi, compa.
Quiero jugar golf o tenis los sábados en la mañana, en un club de esos que están abiertos en el día no como Alcazar. El tenis se ve mucho más fino que el beis en el poli o las mejengas de los Abotagados en la plaza, tomando linaza esperando que abran el Cafetal.
Ya no quiero ser Azofeifa, quiero tener uno de esos apellidos extranjeros, fino, que se pronuncian distinto a como se escriben, ojala con dos puntitos un encima de las letras. Yo solo se usar esos dos puntos para escribir yigüirro y no me refiero a un pájaro, eso es domingueño para gay.
Quiero ir a pubs y lounges y pedir sushi o tablitas de quesos y embutidos, ojala que vayan de acuerdo con el vino (que no sea de nance), o a lo sumo unos nachos de pollo o buffalo wings; ya se me taponearon 4 arterias de comer queso de chancho, frito, bocas de pizuña y gallitos de Silverio.
No quiero picapiedras ni aunque los hagan con el pan de Valverde, ni ravioles del Pato Cansado, ni ilustrados de donde Cuyo, ni sorpresas de la pulpería del viejillo. Quiero ir a Pizza Hut o MacDonalds y que me lo lleven a dejar a mi casa, no tener que decirle a mami que vaya sacando los platas y sirviendo el fresco mientras voy a trae la jama a Heredia en lata.
Quiero usar pantalones blancos para ir a la playa (sin paletones), o bufandas, o zapatos italianos sin medias y que parezca que voy a pasear en un yate o a un concierto de Julio Iglesias. Quiero ser calvo, narizón y judío que es el look de moda entre las modelos de Tía Zelmira (que normalmente vienen de pueblos como el mío pero que hay que cambiar de bus tres veces para llegar).
Ya estoy harto que la computadora me subraye en rojo la mitad de las cosas que escribo, necesito aprender palabras que existan o comprar una computadora en domingueño.
No quiero ser borracho, escandaloso ni bronquero, no quiero hablar de hembras ni de carros; quiero hablar de ecología, o de fashion o de otras personas, de esas que se dice el nombre con el apellido pegado como si fuera un nombre científico.
No voy a emocionarme cuando veo tetas en tele, ni tender la cama de los moteles, ni gritar “puerto-puerto”, ni joder a los travestís de la bíblica.
Voy a cerrar Hi5 y abrir facebook, y ya luego lo voy a escribir FB y ahí voy a tener una carpeta de fotos que se llame viajes, con viajes de verdad no con el del día que fuimos a la Juntas o a acampar por la Central.
Ni siquiera puedo decir que seamos valientes solo porque nos andemos peleando a cada rato o nos tiremos de los arboles a las pozas, en realidad le tenemos miedo a las cosas más irracionales como el viejo de los ojos salidos, a la choza de los gatos, al Diablo, la Giganta y los demás payasos, o a los Arrancatroncas cuando legaban en bici afuera del cole.
Nunca supe de superman ni de batman, mis únicos ídolos era Sancho el carnicero, que mataba una res de un pichazo entre los ojos y Chocho, que medía metro y medio y una vez se bajo 78 birras en el Sámara.
Quiero ser un caballero y llevar a cenar a la luz de las velas a una muchacha linda y de sociedad, a un restaurante con concepto, con sillas que no parecen sillas y un 90% de ingredientes que no se consiguen ni en Pali ni en Rayo Azul. Quiero abrirle la puerta cuando salga y jalarle ese cubo pa que se siente y al final de la noche llevarla a casa y depositarle un suave beso de buenas noches.
No me importa que no se ría en toda la noche, ni que esas dos copas de vino me cuesten más que una caja de birras (no voy a pedir la tercera porque tengo que manejar, yigüirro), o que estás putas sillas sean incomodas como dormir con la prima rica, no me importa que la vieja solo me meta las manos al pantalón buscando el blackberry o que al darme ese beso esté pensando en un domingueño como yo solía ser. Que cagada, somos HOMBRES, no somos caballeros.
Si tan solo me hubieran criado con un poco de pedagogía, con estimulación temprana, Mozart para niños o el rollo de los niños índigo; tal vez habría desarrollado mis inteligencias múltiples y sería una persona con mayor sensibilidad y empatía. En cambio me sentaban desde los 5 años en la barra de los Pitufos o de Fellos a atragantarme con bocas y que los borrachos me hicieran preguntas de futbol; a la edad en que debía estar escuchando a Cri Cri me tiraba a Cutito Larrinaga y a Daniel Santos; ya a los 7 años le decía negrita a las saloneras.
Quiero ser elegante y distinguido, no tomar antes del medio día, pronunciar los diptongos y tener más sellos en el pasaporte que en la libreta de comunicaciones del Sama.
Yo quiero ser como usted que solo tiene lo mejor; quiero tener una casa como la suya, un trabajo como el suyo y un domingueño… como yo.
miércoles 27 de enero de 2010
sábado 9 de enero de 2010
conclusiones sobre la Costa Rica mediatica*
El otro día me pasó una cosa de lo más agradable, no vi noticias ni leí el periódico en todo el día.
Un poco por la dinámica de mi trabajo y otro poco por el masoquismo de mi elección profesional, estoy expuesto cada mañana a todos los periódicos de circulación nacional y a todas las rondas de noticieros, esto me ha llevado a ciertas conclusiones:
• Entre las personas que mueren en todos los conflictos internacionales en el mundo, las victimas del terrorismo y los que caen fallecidos por cualquier tipo de violencia social en Costa Rica; la humanidad está por acabarse en cualquier momento.
• La única forma de ascensión social está en el narcotráfico, trasiego de órganos, robarse cualquier préstamo estatal, peculado o prostitución VIP. Porque los empleados públicos y privados con costos pellizcan como un medio por ciento de aumento salarial cada año.
• El deporte, que solía ser un valuarte de esfuerzo y voluntad para vencer, se ha convertido en competencias de serrucho desde el camerino o la columna, olimpiadas de lanzamientos de chicles y evasión de cuotas obrero patronales con la Caja.
• Para alcanzar una sólida presencia en la páginas de espectáculos, no se esmere en ser un artista talentoso o contribuir a la cultura nacional con propuestas ingeniosas; mejor reclamele a su colega que le está quitando el marido (puntos extra si hay violencia física), grabase mientras se auto infringe placer, o pélese, pelarse está bien y le da una oportunidad de responder ingeniosas preguntas en la columna de al lado (¿Qué la conquista en un hombre?¿Si usted fuera cancha de fútbol como le gustaría que la podaran? etc. etc. etc.).
Ese día que les cuento fue extraño, vi a la gente trabajando, a madres caminando con sus hijos de la manos (desarmadas y sin guardaespaldas) o mujeres lindas (con todo y ropa), logre ver una Costa Rica tridimensional con cosas buenas y malas, talvez y hasta más buenas que malas. Al día siguiente agarre el periódico y salí regrese a la triste realidad mediática.
*Artículo escrito para la edición de noviembre de la Revista PH
Un poco por la dinámica de mi trabajo y otro poco por el masoquismo de mi elección profesional, estoy expuesto cada mañana a todos los periódicos de circulación nacional y a todas las rondas de noticieros, esto me ha llevado a ciertas conclusiones:
• Entre las personas que mueren en todos los conflictos internacionales en el mundo, las victimas del terrorismo y los que caen fallecidos por cualquier tipo de violencia social en Costa Rica; la humanidad está por acabarse en cualquier momento.
• La única forma de ascensión social está en el narcotráfico, trasiego de órganos, robarse cualquier préstamo estatal, peculado o prostitución VIP. Porque los empleados públicos y privados con costos pellizcan como un medio por ciento de aumento salarial cada año.
• El deporte, que solía ser un valuarte de esfuerzo y voluntad para vencer, se ha convertido en competencias de serrucho desde el camerino o la columna, olimpiadas de lanzamientos de chicles y evasión de cuotas obrero patronales con la Caja.
• Para alcanzar una sólida presencia en la páginas de espectáculos, no se esmere en ser un artista talentoso o contribuir a la cultura nacional con propuestas ingeniosas; mejor reclamele a su colega que le está quitando el marido (puntos extra si hay violencia física), grabase mientras se auto infringe placer, o pélese, pelarse está bien y le da una oportunidad de responder ingeniosas preguntas en la columna de al lado (¿Qué la conquista en un hombre?¿Si usted fuera cancha de fútbol como le gustaría que la podaran? etc. etc. etc.).
Ese día que les cuento fue extraño, vi a la gente trabajando, a madres caminando con sus hijos de la manos (desarmadas y sin guardaespaldas) o mujeres lindas (con todo y ropa), logre ver una Costa Rica tridimensional con cosas buenas y malas, talvez y hasta más buenas que malas. Al día siguiente agarre el periódico y salí regrese a la triste realidad mediática.
*Artículo escrito para la edición de noviembre de la Revista PH
lunes 14 de diciembre de 2009
tiempo
No me cabe duda que la clave para mantener funcionando una relación no se encuentra en el corazón, o en la cabeza, tampoco entre las piernas o guardada en la billetera; la clave para el éxito sentimental está claramente en la muñeca izquierda.
Es el tiempo el que marca todo tu rango de posibilidades, es justamente en el tiempo que podemos ubicar nuestras historias, nuestros presentes, es el tiempo el que hace mella en los corazones cansados y es el mismo que en algún momento rejuvenece ilusiones ya marchitas con ganas de dar ese último round.
Es al tiempo a quien le debo mis recuerdos que son el único merito adjudicadle en una situación en la que se sabe admitir que, cuando de amores se habla, nunca nadie solo gana o solo pierde.
Es la misma escena del avión de Casablanca, todo se resume en un preámbulo de despedida con una deconstrucción y posterior reconstrucción, todos aprendemos a nacer de nuevo en esos labios subjetivamente virginales que te cambian las mantillas cada vez que marcas un teléfono o que aplastas una oreja en el ombligo ajeno.
Fue clave cuando conocí a ese chiquilla alocada que le volaban las mariposas por la espalda y se tomaba tragos en llamas mientras movía los hombros, fue clave porque regresaba a este país a regañadientes con un épico amor a cuestas y unas cuantas semanas de separación, llegaba con un corazón hipotecado a un italiano de quien me daban ganas de enamorarme hasta a mi.
Fueron tres años de una preciosa lucha que me dejo recuerdos maravillosos y una relación que mutó sutilmente en entrañable amistad, al punto que siempre se molesta porque le doy la razón a sus novios y le digo que los cuide, que son buenos muchachos. Llevo meses pidiéndole insistentemente que ya me haga abuelo.
También fue la clave aquella tarde que transmitíamos el programa desde un bar y yo andaba como un pre indigente, gestionando con el abogado la custodia de mi ruinoso corazón en juicio férreo con un amor de ayer que insistía en mantener la patria potestad. Ese día conocí a una muchacha que se dedicaba a modelo pero que siendo prácticamente niños me conversaba de Cortázar y de Silvio, de Tagore y Oppenheimer.
La recuerdo por las conversaciones de mesa bohemia y por el sabor fructuoso de cada centímetro de su cuerpo; la recuerdo por aquel fantasma de la relación sin vínculos afectivos, sostenida apenas por el hilo de la risa que sale del cerebro y ese tacto vicioso que se acostumbraba mutuamente.
Pero aunque traté de explicarlo lo mejor posible, nunca me termino de entender que las manecillas de mi reloj estaban caminado para atrás, y tenía que regresar a mi anterior domicilio para atender el tema de mi mudanza, ahora tengo mi apartamento de soltero.
Y loco fue el tiempo en que conocí a aquella otra muchacha dos meses antes de casarse, y una serie de elementos se confabularon para ponernos las cosas complicadas, terminando nuevamente en la escena del avión, con Paul Hendrid pidiéndole un scotch en las rocks a la aeromoza mientras un servidor jugaba al Bogie y se ahorraba un problemón desajustando su cronometro y perdiendo a la chica por el bien de los tres.
O esta niña maravillosamente chispeante que conocí hace poco, de esas que llenan cada cuarto con su buena onda, linda como día feriado y con todo un compendio de maravillas poco ubicables, ya no en una sola muchacha sino en un solo eón. El punto es que quisieras compartir mucho tiempo de tu vida con ella, quisieras pedirle la hora para sincronizar relojes con precisión británica, pero el mundo no funciona de esta forma, así que tendrás que tomarte el tiempo para entender su historia, compartir la tuya y empezar a hacer tic tac juntos o marcar tarjeta en el reloj de salida.
O de aquella que conoces 15 años tarde, o la otra que llego muy pronto a tu vida, o la que pasó muy rápido, o la que convences que no es tan tarde, o la que le decís que se está haciendo tarde para irse, o el pleito por esperarla una hora, o cuando llegaste dos horas y 5 birras tarde, o las 8 miserables horas de Palmares, o los 3 minutos una vez cada dos semanas a los que nadie quiere llegar, o los aniversarios, o la música de los 90, o la misa de 5, o tu pasado, o nuestro futuro; todo absolutamente todo nace y muere en la muñeca izquierda.
Es el tiempo el que marca todo tu rango de posibilidades, es justamente en el tiempo que podemos ubicar nuestras historias, nuestros presentes, es el tiempo el que hace mella en los corazones cansados y es el mismo que en algún momento rejuvenece ilusiones ya marchitas con ganas de dar ese último round.
Es al tiempo a quien le debo mis recuerdos que son el único merito adjudicadle en una situación en la que se sabe admitir que, cuando de amores se habla, nunca nadie solo gana o solo pierde.
Es la misma escena del avión de Casablanca, todo se resume en un preámbulo de despedida con una deconstrucción y posterior reconstrucción, todos aprendemos a nacer de nuevo en esos labios subjetivamente virginales que te cambian las mantillas cada vez que marcas un teléfono o que aplastas una oreja en el ombligo ajeno.
Fue clave cuando conocí a ese chiquilla alocada que le volaban las mariposas por la espalda y se tomaba tragos en llamas mientras movía los hombros, fue clave porque regresaba a este país a regañadientes con un épico amor a cuestas y unas cuantas semanas de separación, llegaba con un corazón hipotecado a un italiano de quien me daban ganas de enamorarme hasta a mi.
Fueron tres años de una preciosa lucha que me dejo recuerdos maravillosos y una relación que mutó sutilmente en entrañable amistad, al punto que siempre se molesta porque le doy la razón a sus novios y le digo que los cuide, que son buenos muchachos. Llevo meses pidiéndole insistentemente que ya me haga abuelo.
También fue la clave aquella tarde que transmitíamos el programa desde un bar y yo andaba como un pre indigente, gestionando con el abogado la custodia de mi ruinoso corazón en juicio férreo con un amor de ayer que insistía en mantener la patria potestad. Ese día conocí a una muchacha que se dedicaba a modelo pero que siendo prácticamente niños me conversaba de Cortázar y de Silvio, de Tagore y Oppenheimer.
La recuerdo por las conversaciones de mesa bohemia y por el sabor fructuoso de cada centímetro de su cuerpo; la recuerdo por aquel fantasma de la relación sin vínculos afectivos, sostenida apenas por el hilo de la risa que sale del cerebro y ese tacto vicioso que se acostumbraba mutuamente.
Pero aunque traté de explicarlo lo mejor posible, nunca me termino de entender que las manecillas de mi reloj estaban caminado para atrás, y tenía que regresar a mi anterior domicilio para atender el tema de mi mudanza, ahora tengo mi apartamento de soltero.
Y loco fue el tiempo en que conocí a aquella otra muchacha dos meses antes de casarse, y una serie de elementos se confabularon para ponernos las cosas complicadas, terminando nuevamente en la escena del avión, con Paul Hendrid pidiéndole un scotch en las rocks a la aeromoza mientras un servidor jugaba al Bogie y se ahorraba un problemón desajustando su cronometro y perdiendo a la chica por el bien de los tres.
O esta niña maravillosamente chispeante que conocí hace poco, de esas que llenan cada cuarto con su buena onda, linda como día feriado y con todo un compendio de maravillas poco ubicables, ya no en una sola muchacha sino en un solo eón. El punto es que quisieras compartir mucho tiempo de tu vida con ella, quisieras pedirle la hora para sincronizar relojes con precisión británica, pero el mundo no funciona de esta forma, así que tendrás que tomarte el tiempo para entender su historia, compartir la tuya y empezar a hacer tic tac juntos o marcar tarjeta en el reloj de salida.
O de aquella que conoces 15 años tarde, o la otra que llego muy pronto a tu vida, o la que pasó muy rápido, o la que convences que no es tan tarde, o la que le decís que se está haciendo tarde para irse, o el pleito por esperarla una hora, o cuando llegaste dos horas y 5 birras tarde, o las 8 miserables horas de Palmares, o los 3 minutos una vez cada dos semanas a los que nadie quiere llegar, o los aniversarios, o la música de los 90, o la misa de 5, o tu pasado, o nuestro futuro; todo absolutamente todo nace y muere en la muñeca izquierda.
jueves 3 de diciembre de 2009
pueblo fantasma
Cuando comencé a trabajar desarrollando proyectos de comunicación para las comunidades indígenas, decidí que si iba a laborar con ellos debía de conocerlos, y como las salas de juntas son para burócratas, Mauricio –uno de los asesores con experiencia en la materia- y yo decidimos tomar el carro y empezar a visitarlos en las salas de sus casas, en las plazas y demás núcleos en donde las personas dejan caer sus títulos.
El primer sitio que visitamos fue Buenos Aires, de ahí nos mantuvimos en movimiento por la zona y en algún momento nos alcanzó la noche en un punto equidistante entre Ciudad Neilly y Playa Zancudo. Entramos en el debate sobre si pasar la noche entre viajantes fronterizos o bien darnos el gusto de amanecer con brisa marina en un sitio claramente más amigable para el turista.
Mauricio me contó que el año anterior había visitado la zona con sus hijos y recolectaba un buen cúmulo de agradables recuerdos, incluso se había hecho muy amigo de una pareja que administraba unas cabinas frente a la playa -una mexicana y un uruguayo- de conversación muy agradable en donde podríamos encontrar posada, comida y cerveza.
Llegamos de noche en un por un camino polvoriento y adivinando más que recordando ingresamos a lo que habían sido esas cabinas, ahora en estado pompeyico. Todo estaba apagado, el zacate había crecido lo suficiente para estar prevenidos por el ataque de un hipopótamo, el restaurante estaba cerrado y por un trillo logramos acceder a la que recordaba era la casa de sus amigos.
Tocamos la puerta y pasado un rato salio la mexicana con actitud de película de suspenso, asomando el ojo por una mínima apertura de la puerta para saludar afable pero silenciosamente a mi compañero de viaje. Nos invito a pasar y nos ofreció un vaso metálico con agua. Su casa era ruinosa, llena de checheres mal colocados y reparaciones hechizas que a medias impedían el ingreso de unos zancudos que más bien parecían colibríes.
Hablando suave para no despertar a la niña empezó a dejar ir entre prácticos extraños la historia triste de su vida, como había conocido a su marido en una vida licenciosa viajando por toda América desarrollando su artesanía y viviendo al día hasta que en algún punto, antes de llegar a esta esquina de Costa Rica con Panamá, habían dejado olvidada la regla y se encontraban con un polizón no esperado.
Un extranjero les dio la confianza de administrar esas 10 cabinas, el restaurante y la barra, Connie (la mexicana que en realidad se llamaba Consuelo) se convirtió en madre mientras el uruguayo solo llego a adicto y vendedor. Consecuentemente el bar se les había llenado de escoria y tipos con ganas de ajustar cuentas hasta que él tuvo que decidirse por llamar a sus padres que le lanzaron un solo boleto de para que se rehabilitara con agüita del Río de la Plata.
La despedida tenía un tono hipócrita de pasajero, él le decía que iba a ponerse bien para poder volver a luchar por sus dos mujeres, atrás dejó un par de zapatos que eran el juguete preferido de la niña y a una mujer desesperada tratando de sostener unas cabinas abandonadas y a una familia imaginaria. Todas las tardes le hablaba de papá pero hasta la niña de dos años sabía que era técnicamente huérfana.
Después del rato de catarsis nos alistó dos cuartos, utilizando un criterio muy amplio, y la dejamos para que regresara a atender a su hija. Muertos del hambre y la desalcoholización salimos en busca de algunos de los bares y salones que Mauricio recordaba con muy buen ambiente. No había nada, las discotecas, bares y restaurantes estaban cerrados como si el Apocalipsis hubiera pasado hace un par de meses por ahí.
En el borde de la desesperación escuchamos el ruido de lo que podría ser una cantina clandestina, efectivamente lo era. Tras la barra un español que no parecía prestarnos mucha importancia, fuera de ella un grupo de amigos ya borracho y una parejita bailando.
Manolo (como se presentó luego) se disculpó por la inatención inicial, nos puso un pañíto sobre la barra y encima de eso dos vasos que luego llenamos con una milagrosa cerveza tras otra. Lo más cercano a comida que logramos conseguir fue una pieza de salchichón que cortaba sobre el pañito polifuncional y nos la comimos con un paquete de galletas soda.
Inicialmente teníamos el miedo natural de ser forasteros en el lugar indebido, pero las personas resultaron ser muy agradables. Un rubio cuarentón de pelo largo que se llamaba Randy salía al día siguiente a traer un barco desde un cayo gringo hacía Centroamérica. La tarea era demandante peligrosa y abusivamente apurada y mal pagada, transportaba algún tipo de mercancía ilegal y a un capitán ilegal, sin licencia para el puesto ni visa de trabajo pero con la pericia que le había dejado el pasar más de la mitad de su vida en alta mar.
A pesar que la paga no era justa, era muchísimo para Randy que acababa de traer al mundo a su primogénita y no había hecho moverse su bote turístico ya en meses. El era consciente que este trabajo muy probablemente lo llevaría a la cárcel o a dormir eternamente entre los fondos marinos pero las opciones no eran muchas.
Esto lo habían confirmado todos los demás asistentes, pues la playa era pueblo fantasma porque las vías de acceso se inundaban cada temporada alta dejando al pueblo en el aislamiento, sin que los turistas pudieran entrar o los buses salir. De esta forma fueron cerrando todos los negocios lícitos y había aprendido a sobrevivir entre la miseria y la desesperanza.
Solo Manolo quedaba acá pues el había llegado desde el otro lado del mundo a su lugar favorito en la tierra, sus padres habían muerto y sus amigos lo daban a él por muerto, así que no conocía a nadie fuera de Zancudo y ya estaba viejo para hacer nuevos amigos.
Las risas fueron lentamente convirtiéndose en lagrimas por el amigo que se iba en el mejor de los casos por meses y en el razonable por siempre, Randy admitió que detestaba abandonar Zancudo justamente en este que era el momento más feliz de su vida, que repudiaba llegar meses mas tarde a ver a una hija que no lo iba a reconocer, esperando no encontrar otro sombrero colgado detrás de la puerta.
De la cerveza al conrtrabando y en medio de una intensisima borrachera Randy decide volver a casa, pero no quiere ir solo para que su mujer no lo regañe, convence a todos que ahi tiene una botellita que quiere tomarse con los amigos antes de partir con un tono de miedo que solo puede producir quien no se quiere perder.
Como ya la noche había sido una locura y los locales nos habían hecho sentir todo lo bienvenidos posible, nos fuimos caminando hasta la casa de Randy en donde salio su mujer enojada pero tuvo que cambiar el semblante ante la presenciad de invitados que trabajaban para el gobierno, se unió por ese ultimo trago de quien sabe que putas. El marinero le dijo cuanto la amaba y la iba a extrañar sin molestarse por el ojo crítico de sus compadres, luego le pidió que trajeran a la niña para que la conocieran sus nuevos amigos.
La pinta de lobo de mar, duro, con la piel curtida por 40 años de brisa marina y sol tendido se le desfiguro cuando colocó a su sirenita en sus brazos y le pedía por favor que nunca olvidara quien es su papá.
Todo indicaba que era tiempo de irnos y así hicimos, llegamos a las polvorosas habitaciones de Connie, al día siguiente despertamos, nos despedimos y salimos en busca de comida de verdad. El regreso fue un poco silente, duele mucho que te saquen la realidad de los números, arde en puta ver como el desarollo trae Porshes a Lindora y viudas a Zancudo.
Todo el pueblo fantasma esperaba que la recuperación económica trajera turistas a esa inmensa y hermosísima playa, que el gobierno les pusiera puentes y una calle transitable o que de alguna puta manera los factores que no podían controlar no los obligaran a alejarse de su pueblo y su amores.
El primer sitio que visitamos fue Buenos Aires, de ahí nos mantuvimos en movimiento por la zona y en algún momento nos alcanzó la noche en un punto equidistante entre Ciudad Neilly y Playa Zancudo. Entramos en el debate sobre si pasar la noche entre viajantes fronterizos o bien darnos el gusto de amanecer con brisa marina en un sitio claramente más amigable para el turista.
Mauricio me contó que el año anterior había visitado la zona con sus hijos y recolectaba un buen cúmulo de agradables recuerdos, incluso se había hecho muy amigo de una pareja que administraba unas cabinas frente a la playa -una mexicana y un uruguayo- de conversación muy agradable en donde podríamos encontrar posada, comida y cerveza.
Llegamos de noche en un por un camino polvoriento y adivinando más que recordando ingresamos a lo que habían sido esas cabinas, ahora en estado pompeyico. Todo estaba apagado, el zacate había crecido lo suficiente para estar prevenidos por el ataque de un hipopótamo, el restaurante estaba cerrado y por un trillo logramos acceder a la que recordaba era la casa de sus amigos.
Tocamos la puerta y pasado un rato salio la mexicana con actitud de película de suspenso, asomando el ojo por una mínima apertura de la puerta para saludar afable pero silenciosamente a mi compañero de viaje. Nos invito a pasar y nos ofreció un vaso metálico con agua. Su casa era ruinosa, llena de checheres mal colocados y reparaciones hechizas que a medias impedían el ingreso de unos zancudos que más bien parecían colibríes.
Hablando suave para no despertar a la niña empezó a dejar ir entre prácticos extraños la historia triste de su vida, como había conocido a su marido en una vida licenciosa viajando por toda América desarrollando su artesanía y viviendo al día hasta que en algún punto, antes de llegar a esta esquina de Costa Rica con Panamá, habían dejado olvidada la regla y se encontraban con un polizón no esperado.
Un extranjero les dio la confianza de administrar esas 10 cabinas, el restaurante y la barra, Connie (la mexicana que en realidad se llamaba Consuelo) se convirtió en madre mientras el uruguayo solo llego a adicto y vendedor. Consecuentemente el bar se les había llenado de escoria y tipos con ganas de ajustar cuentas hasta que él tuvo que decidirse por llamar a sus padres que le lanzaron un solo boleto de para que se rehabilitara con agüita del Río de la Plata.
La despedida tenía un tono hipócrita de pasajero, él le decía que iba a ponerse bien para poder volver a luchar por sus dos mujeres, atrás dejó un par de zapatos que eran el juguete preferido de la niña y a una mujer desesperada tratando de sostener unas cabinas abandonadas y a una familia imaginaria. Todas las tardes le hablaba de papá pero hasta la niña de dos años sabía que era técnicamente huérfana.
Después del rato de catarsis nos alistó dos cuartos, utilizando un criterio muy amplio, y la dejamos para que regresara a atender a su hija. Muertos del hambre y la desalcoholización salimos en busca de algunos de los bares y salones que Mauricio recordaba con muy buen ambiente. No había nada, las discotecas, bares y restaurantes estaban cerrados como si el Apocalipsis hubiera pasado hace un par de meses por ahí.
En el borde de la desesperación escuchamos el ruido de lo que podría ser una cantina clandestina, efectivamente lo era. Tras la barra un español que no parecía prestarnos mucha importancia, fuera de ella un grupo de amigos ya borracho y una parejita bailando.
Manolo (como se presentó luego) se disculpó por la inatención inicial, nos puso un pañíto sobre la barra y encima de eso dos vasos que luego llenamos con una milagrosa cerveza tras otra. Lo más cercano a comida que logramos conseguir fue una pieza de salchichón que cortaba sobre el pañito polifuncional y nos la comimos con un paquete de galletas soda.
Inicialmente teníamos el miedo natural de ser forasteros en el lugar indebido, pero las personas resultaron ser muy agradables. Un rubio cuarentón de pelo largo que se llamaba Randy salía al día siguiente a traer un barco desde un cayo gringo hacía Centroamérica. La tarea era demandante peligrosa y abusivamente apurada y mal pagada, transportaba algún tipo de mercancía ilegal y a un capitán ilegal, sin licencia para el puesto ni visa de trabajo pero con la pericia que le había dejado el pasar más de la mitad de su vida en alta mar.
A pesar que la paga no era justa, era muchísimo para Randy que acababa de traer al mundo a su primogénita y no había hecho moverse su bote turístico ya en meses. El era consciente que este trabajo muy probablemente lo llevaría a la cárcel o a dormir eternamente entre los fondos marinos pero las opciones no eran muchas.
Esto lo habían confirmado todos los demás asistentes, pues la playa era pueblo fantasma porque las vías de acceso se inundaban cada temporada alta dejando al pueblo en el aislamiento, sin que los turistas pudieran entrar o los buses salir. De esta forma fueron cerrando todos los negocios lícitos y había aprendido a sobrevivir entre la miseria y la desesperanza.
Solo Manolo quedaba acá pues el había llegado desde el otro lado del mundo a su lugar favorito en la tierra, sus padres habían muerto y sus amigos lo daban a él por muerto, así que no conocía a nadie fuera de Zancudo y ya estaba viejo para hacer nuevos amigos.
Las risas fueron lentamente convirtiéndose en lagrimas por el amigo que se iba en el mejor de los casos por meses y en el razonable por siempre, Randy admitió que detestaba abandonar Zancudo justamente en este que era el momento más feliz de su vida, que repudiaba llegar meses mas tarde a ver a una hija que no lo iba a reconocer, esperando no encontrar otro sombrero colgado detrás de la puerta.
De la cerveza al conrtrabando y en medio de una intensisima borrachera Randy decide volver a casa, pero no quiere ir solo para que su mujer no lo regañe, convence a todos que ahi tiene una botellita que quiere tomarse con los amigos antes de partir con un tono de miedo que solo puede producir quien no se quiere perder.
Como ya la noche había sido una locura y los locales nos habían hecho sentir todo lo bienvenidos posible, nos fuimos caminando hasta la casa de Randy en donde salio su mujer enojada pero tuvo que cambiar el semblante ante la presenciad de invitados que trabajaban para el gobierno, se unió por ese ultimo trago de quien sabe que putas. El marinero le dijo cuanto la amaba y la iba a extrañar sin molestarse por el ojo crítico de sus compadres, luego le pidió que trajeran a la niña para que la conocieran sus nuevos amigos.
La pinta de lobo de mar, duro, con la piel curtida por 40 años de brisa marina y sol tendido se le desfiguro cuando colocó a su sirenita en sus brazos y le pedía por favor que nunca olvidara quien es su papá.
Todo indicaba que era tiempo de irnos y así hicimos, llegamos a las polvorosas habitaciones de Connie, al día siguiente despertamos, nos despedimos y salimos en busca de comida de verdad. El regreso fue un poco silente, duele mucho que te saquen la realidad de los números, arde en puta ver como el desarollo trae Porshes a Lindora y viudas a Zancudo.
Todo el pueblo fantasma esperaba que la recuperación económica trajera turistas a esa inmensa y hermosísima playa, que el gobierno les pusiera puentes y una calle transitable o que de alguna puta manera los factores que no podían controlar no los obligaran a alejarse de su pueblo y su amores.
el niño hambriento
-“-“Usted acaba de evitar que hoy yo durmiera en la cárcel”
Voltee con extrañeza a ver al taxista que manejaba el carro con los ojos rojos y la barba dejada.
-“Mi patrón es un hombre que no tiene corazón, le he brindado todo mi esfuerzo por 10 años y la única ocasión en que yo he acudido a él en busca desesperada de ayuda el me volteo la espalda dejándome a mi suerte.”
Me aseguraba a la palanca de la puerta mientras analizaba cautelosamente cual palabra podía calzar en esta conversación que no me llevara a terminar contra un poste de alumbrado público.
-“Mi hijo nació por cesaría e intolerante a la lactosa por lo que debe de consumir un producto especial que le cuesta 10 mil colones. La Caja dejo de dar este producto hace 5 años y mi esposa se encuentra convaleciente en cama y no pude darle el pecho. Este carro estuvo 6 días en el taller y en ese tiempo no pude trabajar, hoy me hicieron sacarlo solo por tres horas y esta carrera es apenas lo que me falta para entregarlo debiendo todavía dinero.”
Me lleve suavemente la mano al bolsillo donde guardaba el dinero, ajuste la cantidad que estime suficiente y la conserve a mano esperando el final de la carrera
-“No comprendo como puede haber un hombre tan malo, que siendo millonario no me pueda prestar los 10 mil colones que requiero para darle un poquito de esperanza a mi único hijo Josué, en este momento iba decidido a matarlo con una de las llaves pesadas que el guarda en el taller.”
Esta dinámica me hacia darle a cada minuto mayor importancia alas pruebas psicológicas que deben realizarse a las personas que brindan un servicio público
-“Hoy tengo que regresar a casa y decirle a mi esposa que otra vez mi hijo tendrá que dormirse con hambre porque el maldito de mi jefe, y discúlpeme la palabra, no quiso ayudarme con algo que necesitaba más que nada en el mundo. No hay nada más terrible en el mundo que oír un hijo llorar de hambre.”
Cuando el carro parquea frente a mi trabajo finalmente había decidido cuales palabras usar, saque el dinero que llevaba en la bolsa y se lo puse sobre el panel mientras habría la puerta y le decía:
“Si, uno se sorprende de la maldad en el mundo. Ahí está lo de la carrera y agradezca que se la estoy pagando, su historia es muy conmovedora ¡Lastima que es la tercera vez que me la cuenta en dos años, rata hijueputa!”
Voltee con extrañeza a ver al taxista que manejaba el carro con los ojos rojos y la barba dejada.
-“Mi patrón es un hombre que no tiene corazón, le he brindado todo mi esfuerzo por 10 años y la única ocasión en que yo he acudido a él en busca desesperada de ayuda el me volteo la espalda dejándome a mi suerte.”
Me aseguraba a la palanca de la puerta mientras analizaba cautelosamente cual palabra podía calzar en esta conversación que no me llevara a terminar contra un poste de alumbrado público.
-“Mi hijo nació por cesaría e intolerante a la lactosa por lo que debe de consumir un producto especial que le cuesta 10 mil colones. La Caja dejo de dar este producto hace 5 años y mi esposa se encuentra convaleciente en cama y no pude darle el pecho. Este carro estuvo 6 días en el taller y en ese tiempo no pude trabajar, hoy me hicieron sacarlo solo por tres horas y esta carrera es apenas lo que me falta para entregarlo debiendo todavía dinero.”
Me lleve suavemente la mano al bolsillo donde guardaba el dinero, ajuste la cantidad que estime suficiente y la conserve a mano esperando el final de la carrera
-“No comprendo como puede haber un hombre tan malo, que siendo millonario no me pueda prestar los 10 mil colones que requiero para darle un poquito de esperanza a mi único hijo Josué, en este momento iba decidido a matarlo con una de las llaves pesadas que el guarda en el taller.”
Esta dinámica me hacia darle a cada minuto mayor importancia alas pruebas psicológicas que deben realizarse a las personas que brindan un servicio público
-“Hoy tengo que regresar a casa y decirle a mi esposa que otra vez mi hijo tendrá que dormirse con hambre porque el maldito de mi jefe, y discúlpeme la palabra, no quiso ayudarme con algo que necesitaba más que nada en el mundo. No hay nada más terrible en el mundo que oír un hijo llorar de hambre.”
Cuando el carro parquea frente a mi trabajo finalmente había decidido cuales palabras usar, saque el dinero que llevaba en la bolsa y se lo puse sobre el panel mientras habría la puerta y le decía:
“Si, uno se sorprende de la maldad en el mundo. Ahí está lo de la carrera y agradezca que se la estoy pagando, su historia es muy conmovedora ¡Lastima que es la tercera vez que me la cuenta en dos años, rata hijueputa!”
jueves 5 de noviembre de 2009
ermitaña
Las cosas empiezan como una tontera, con una pequeña debilidad en un dedo meñique o una leve dificultad para prestar atención a ciertos detalles, poco a poco vas cobrando consciencia de que tenés una enfermedad y después vas notando que la enfermedad te tiene a vos y que te va robando de los tuyos para acercarte cada vez mas a sus nefastos terrenos, arrebatándote hasta tus recuerdos, pendejeando no solo con tu futuro sino también con tu pasado.
También los recuerdos de Jaime se iban perdiendo, cada vez le costaba mas recordar a su hermana, la mayor, la que le zurcía los pantalones para que mamá no lo regañara muy fuerte, con la que una vez compitieron a tomarse vasos de agua hasta que los dos se enfermaron, aquella que se caso un domingo soleado y que un jueves lluvioso recibió a Ricardo entre llantos y placentas.
El mismo Ricardo fue aprendiendo a ser padre en la medida que dejaba de ser hijo, ella luchaba acongojantemente mientras su cabeza se lo permitiera para que se pudiera llevar un recuerdo claro de una mamá, no de aquello en lo que se estaba convirtiendo, con esos espasmos que le convertían la cara como en la de una aparición, quería poder abrazarlo mientras todavía controlaba bien sus brazos y que él la recordara porque su propio hijo se le iba encajando en un espacio de su cerebro en donde ya no lo iba a poder encontrar.
Poco a poco se fue aislando en su cuerpo, fue soltando amarras con este mundo y se volvía como una ermitaña que rechaza contactar con una realidad insatisfactoria y se fue refugiando en sus rutinas, enfrascada en un mundo mecánico pero que no dejaba de ser mundo.
En un tiempo todavía se montaba cada mañana al bus de Heredia y se iba para San Jose a hacer una ronda inalterable, le llenaban el bolsito con monedas que disfrutaba repartir entre los mismos indigentes como si fuera una carrera de cintas, compraba flores en el mercado y se volvía a montar al bus de regreso a casa. Desgraciadamente aquel día estaban pavimentando la calle de donde salían los buses y habían trasladado su parada 100 metros, habían cheques y cartelones que anunciaban el cambio pero todo eso era irrelevante para ella, el bus simplemente había desaparecido.
Su hermano Jaime la encontró tres días después deambulando por el Mercado de la Coca Cola, su cuerpo tenia un grave deterioro físico, había dormido en la calle, le había robado el bolso con las moneditas y quien sabe que otras tragedias en las que no quería ni pensar. Esto marcó el final de uno más de sus ciclos, esto era un paso más hacia su caverna.
Sus visitas a este mundo eran cada vez mas de efímeras, la pizarra se borraba nuevamente cada mañana, a ratos preguntaba porque su papá ya nunca la visitaba, Jaime le decía que estaba un poco fregado y que le prometía que apenas llegaba a la casa le metía una trapeada y que con toda seguridad mañana venía tempranito, el mismo cuento se lo repetía cada siguiente día ¿Que sentido tenía el hacer lidiar a una pobre muchacha con la muerte de su papá cada día?
La mamá la cuidaba hasta que la alcanzó la muerte y esa labor la fue heredando la esposa de Ricardo. Su degeneración se detuvo justo antes de acabar con sus movimientos mecánicos, seguía digiriendo, respirando y su corazón latiendo, nada más, ni siquiera le fue concedida una muerte fácil.
Jaime la visitaba religiosamente, al principio le conversaba y ella respondía con algo que parecía una respuesta, le hablaba de sus propios hijos y sus cosas, de su trabajo, se había hecho filosofo y le hablaba de la perspectiva de la muerte Agostina, de los cielos del Dante, de cómo la muerte no es más que un antónimo de niñez en donde el espíritu de aventura va cediendo al miedo al desconocido.
No lo podía negar, visitarla era cada vez mas feo y mas aburrido, hasta sus balbuceos se iban haciendo cada vez menos humanos, antes respondía cuando le agarraba la mano con una especie de calambre que lo hacia sentirla cerca, como cuando trepaban arboles o jugaban al gato y al ratón, ahora tomar su mano era como tomar la de un maniquí flojo y viejo. Cada día había menos cosas que reconocía en ella y en esa casa, muchas menos desde que a Ricardo se lo llevó un infarto masivo.
El proceso parecía completar todo su ciclo, ahora lo único que la conectaba con este mundo era el llanto, esas gotas que rodaban despacio por sus arrugadas mejillas y hacían pozos tras de su pelo, esa era su única forma humanidad, lo que la hacía diferente al ropero o a la cobija era que ella producía su propia agua.
Y la vida esta llena de pequeños consuelos, Jaime sabía que ella lloraba cada vez que él la visitaba, sin falta, y seguía llorando mientras le contaba de su labor comunal, de la selección, de los aguaceros de setiembre, cuando le pasaba las manos entre sus canos cabellos o le acomodaba el almohadón. Esa era su forma de saber que aún lo reconocía y se alegraba que la visitara su hermanito. Al final la persignaba y lo coronaba con un beso en la frente, nunca le pudo confesar que se había hecho comunista y ateo.
Ese martes volvió nuevamente a sentarse con ella, le contó sus historias, le recordó a papá, le dijo que se le veía muy bonita la trenza que le habían hecho, le prometió que la próxima canción la bailaban juntos como ella le había enseñado cuando chiquillos. La persigno, le beso la frente y la miró directamente a sus ojos cerrados; ella no lloró ese día, Jaime sí.
También los recuerdos de Jaime se iban perdiendo, cada vez le costaba mas recordar a su hermana, la mayor, la que le zurcía los pantalones para que mamá no lo regañara muy fuerte, con la que una vez compitieron a tomarse vasos de agua hasta que los dos se enfermaron, aquella que se caso un domingo soleado y que un jueves lluvioso recibió a Ricardo entre llantos y placentas.
El mismo Ricardo fue aprendiendo a ser padre en la medida que dejaba de ser hijo, ella luchaba acongojantemente mientras su cabeza se lo permitiera para que se pudiera llevar un recuerdo claro de una mamá, no de aquello en lo que se estaba convirtiendo, con esos espasmos que le convertían la cara como en la de una aparición, quería poder abrazarlo mientras todavía controlaba bien sus brazos y que él la recordara porque su propio hijo se le iba encajando en un espacio de su cerebro en donde ya no lo iba a poder encontrar.
Poco a poco se fue aislando en su cuerpo, fue soltando amarras con este mundo y se volvía como una ermitaña que rechaza contactar con una realidad insatisfactoria y se fue refugiando en sus rutinas, enfrascada en un mundo mecánico pero que no dejaba de ser mundo.
En un tiempo todavía se montaba cada mañana al bus de Heredia y se iba para San Jose a hacer una ronda inalterable, le llenaban el bolsito con monedas que disfrutaba repartir entre los mismos indigentes como si fuera una carrera de cintas, compraba flores en el mercado y se volvía a montar al bus de regreso a casa. Desgraciadamente aquel día estaban pavimentando la calle de donde salían los buses y habían trasladado su parada 100 metros, habían cheques y cartelones que anunciaban el cambio pero todo eso era irrelevante para ella, el bus simplemente había desaparecido.
Su hermano Jaime la encontró tres días después deambulando por el Mercado de la Coca Cola, su cuerpo tenia un grave deterioro físico, había dormido en la calle, le había robado el bolso con las moneditas y quien sabe que otras tragedias en las que no quería ni pensar. Esto marcó el final de uno más de sus ciclos, esto era un paso más hacia su caverna.
Sus visitas a este mundo eran cada vez mas de efímeras, la pizarra se borraba nuevamente cada mañana, a ratos preguntaba porque su papá ya nunca la visitaba, Jaime le decía que estaba un poco fregado y que le prometía que apenas llegaba a la casa le metía una trapeada y que con toda seguridad mañana venía tempranito, el mismo cuento se lo repetía cada siguiente día ¿Que sentido tenía el hacer lidiar a una pobre muchacha con la muerte de su papá cada día?
La mamá la cuidaba hasta que la alcanzó la muerte y esa labor la fue heredando la esposa de Ricardo. Su degeneración se detuvo justo antes de acabar con sus movimientos mecánicos, seguía digiriendo, respirando y su corazón latiendo, nada más, ni siquiera le fue concedida una muerte fácil.
Jaime la visitaba religiosamente, al principio le conversaba y ella respondía con algo que parecía una respuesta, le hablaba de sus propios hijos y sus cosas, de su trabajo, se había hecho filosofo y le hablaba de la perspectiva de la muerte Agostina, de los cielos del Dante, de cómo la muerte no es más que un antónimo de niñez en donde el espíritu de aventura va cediendo al miedo al desconocido.
No lo podía negar, visitarla era cada vez mas feo y mas aburrido, hasta sus balbuceos se iban haciendo cada vez menos humanos, antes respondía cuando le agarraba la mano con una especie de calambre que lo hacia sentirla cerca, como cuando trepaban arboles o jugaban al gato y al ratón, ahora tomar su mano era como tomar la de un maniquí flojo y viejo. Cada día había menos cosas que reconocía en ella y en esa casa, muchas menos desde que a Ricardo se lo llevó un infarto masivo.
El proceso parecía completar todo su ciclo, ahora lo único que la conectaba con este mundo era el llanto, esas gotas que rodaban despacio por sus arrugadas mejillas y hacían pozos tras de su pelo, esa era su única forma humanidad, lo que la hacía diferente al ropero o a la cobija era que ella producía su propia agua.
Y la vida esta llena de pequeños consuelos, Jaime sabía que ella lloraba cada vez que él la visitaba, sin falta, y seguía llorando mientras le contaba de su labor comunal, de la selección, de los aguaceros de setiembre, cuando le pasaba las manos entre sus canos cabellos o le acomodaba el almohadón. Esa era su forma de saber que aún lo reconocía y se alegraba que la visitara su hermanito. Al final la persignaba y lo coronaba con un beso en la frente, nunca le pudo confesar que se había hecho comunista y ateo.
Ese martes volvió nuevamente a sentarse con ella, le contó sus historias, le recordó a papá, le dijo que se le veía muy bonita la trenza que le habían hecho, le prometió que la próxima canción la bailaban juntos como ella le había enseñado cuando chiquillos. La persigno, le beso la frente y la miró directamente a sus ojos cerrados; ella no lloró ese día, Jaime sí.
miércoles 21 de octubre de 2009
divagaciones 20/30
1. El presidente norte/afroamericano Barack Obama fue seleccionado para el Premio Nobel de la Paz tras solo 8 meses de haber ascendido al poder, el comité noruego ha explicado que el mandatario se hizo merecedor del millón cuatrocientos mil dólares y la medalla por haber dado un giro a la política exterior norteamericana, recuperar el dialogo y la conciliación (en especial con medio oriente y Cuba) y devolver la esperanza a su pueblo. Bajo estos parámetros ¿No deberían más bien darle el Premio Nobel de la Guerra a Bush?
2. Gran expectativa a generado lo que pueda suceder con los restos del “Rey depuesto del Pop” Michael Jackson, después de aparecer ataviado en un féretro de oro el cuerpo del ex negro fue examinado minuciosamente en una autopsia de semanas que cuestiona lo fidedigno de series como CSI. Al cadáver se le retiro el cerebro y permaneció en exámenes durante varios días mientras continuaba la disputa por que hacer con un cuerpo tan feo, tieso y sin cerebro… Aparentemente estaría uniéndose al equipo del reggaetón VIP en Intrusos de la Farándula.
3. Algunas personas ven el vaso medio lleno, otras medio vacio. Yo personalmente lo veo como un arma punzocortante.
4. Justamente en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua hay un rotulo en color rosado radioactivo con la, nada apetente, imagen de Danielón Ortega levantando la mano como el Cristo Redentor que dice: cumplirle al pueblo, es cumplirle a Dios. Mas al norte otro de los vasallos de Chávez es invitado a salir del país por un Goriletti que pronto estaría jugando al Napoleón de Yoro por las calles de Tegucigalpa. Estos son solo dos ejemplos que demuestran que Costa Rica es un pequeño país mediterráneo inconvenientemente mal ubicado dentro de Centroamérica.
5. Deje de ser ateo cuando comenzaron a invitarme a reuniones de ateos.
6. Me gustan las mujeres que cicatrizan rápido.
7. Gran orgullo y alegría generó la aparición del mandatario costarricense Oscar Arias en el programa Biography de A&E, personeros del canal y figuras de los medios locales resaltaban el gran reconocimiento que significa ser parte de este clásico espacio que inició el mítico Mike Wallace. Parte de este selecto club lo conforman también Charo, Chech & Chong, Paris Hilton, Danny Bonaducce, Lorena Bobbit, casi 100 asesinos en serie y mafiosos, así como el mismísimo Satanás.
8. La suegra ideal es a la que se le visita dos veces al año: para su cumpleaños y para el día de la madre; en el mejor de los casos al cementerio.
9. Lo malo de ser Dios es no poder escoger sus amistades.
10. ¿A que numero tengo que mandar mensajes para que se acaban de una vez para siempre los reallity shows? O por lo menos que dejen de hacerme creer que así es la realidad, yo vivo en la realidad y francamente le hace falta producción, banda sonora y gente más bonita. Si anda en búsqueda de la realidad, la prudencia recomienda que apague el televisor, redirija sus mensajes celulares y salga a la calle a convivir con los tridimensionales, uno nunca sabe, talvez y le guste.
2. Gran expectativa a generado lo que pueda suceder con los restos del “Rey depuesto del Pop” Michael Jackson, después de aparecer ataviado en un féretro de oro el cuerpo del ex negro fue examinado minuciosamente en una autopsia de semanas que cuestiona lo fidedigno de series como CSI. Al cadáver se le retiro el cerebro y permaneció en exámenes durante varios días mientras continuaba la disputa por que hacer con un cuerpo tan feo, tieso y sin cerebro… Aparentemente estaría uniéndose al equipo del reggaetón VIP en Intrusos de la Farándula.
3. Algunas personas ven el vaso medio lleno, otras medio vacio. Yo personalmente lo veo como un arma punzocortante.
4. Justamente en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua hay un rotulo en color rosado radioactivo con la, nada apetente, imagen de Danielón Ortega levantando la mano como el Cristo Redentor que dice: cumplirle al pueblo, es cumplirle a Dios. Mas al norte otro de los vasallos de Chávez es invitado a salir del país por un Goriletti que pronto estaría jugando al Napoleón de Yoro por las calles de Tegucigalpa. Estos son solo dos ejemplos que demuestran que Costa Rica es un pequeño país mediterráneo inconvenientemente mal ubicado dentro de Centroamérica.
5. Deje de ser ateo cuando comenzaron a invitarme a reuniones de ateos.
6. Me gustan las mujeres que cicatrizan rápido.
7. Gran orgullo y alegría generó la aparición del mandatario costarricense Oscar Arias en el programa Biography de A&E, personeros del canal y figuras de los medios locales resaltaban el gran reconocimiento que significa ser parte de este clásico espacio que inició el mítico Mike Wallace. Parte de este selecto club lo conforman también Charo, Chech & Chong, Paris Hilton, Danny Bonaducce, Lorena Bobbit, casi 100 asesinos en serie y mafiosos, así como el mismísimo Satanás.
8. La suegra ideal es a la que se le visita dos veces al año: para su cumpleaños y para el día de la madre; en el mejor de los casos al cementerio.
9. Lo malo de ser Dios es no poder escoger sus amistades.
10. ¿A que numero tengo que mandar mensajes para que se acaban de una vez para siempre los reallity shows? O por lo menos que dejen de hacerme creer que así es la realidad, yo vivo en la realidad y francamente le hace falta producción, banda sonora y gente más bonita. Si anda en búsqueda de la realidad, la prudencia recomienda que apague el televisor, redirija sus mensajes celulares y salga a la calle a convivir con los tridimensionales, uno nunca sabe, talvez y le guste.
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