martes, 17 de noviembre de 2015
"Cuando era un niño y veia cosas que me asustaban en la televisión, mi madre me decía "busca a quienes ayudan", siempre hay personas ayudando" Que no logre su cometido el terrorismo, hay mas gente buena que mala, en el mundo, en el islam y en cualquier situación, no perdamos la fe en la humanidad. Siempre habrá mas personas que ayudar que las que temer
.
El fin del mundo
Nosotros no lo vivimos, o estábamos pequeños para recordarlo o entenderlo, o quizás estaba pasando al otro lado del mundo y no nos dimos por enterados, pero la humanidad siempre ha estado en guerra, siempre hemos sido víctimas de la locura, la ambición desmedida, el odio y la intolerancia. Como especie siempre hemos estado apenas evadiendo la bala de nuestra propia aniquilación, contando los minutos que le sobran al reloj del día del juicio y una importante cantidad cada día no logran pasar la barrera de un nuevo amanecer.
En el siglo XX tuvimos cruentas guerras civiles en Afganistán, el Congo, Armenia, Argelia, Vietnam, Chechenia, Angola, Cambodia, Nigeria, Haití, República Dominicana, Etiopía, Finlandia, Grecia, Irlanda, Laos, Mozambique, Nepal, Sierra Leona, Sri Lanka, Uganda, Venezuela, Yemen, Portugal, Birmania, México, Niger, Nicaragua, Filipinas, Rusia, Sudáfrica, Chipre, El Salvador, Honduras, Guatemala, Turquía, Estonia, la India, Italia, Croacia, Yugoslavia, Papua, Sudán, Irak, Irán, Liberia, los kurdos donde sea que esté, Timor, la propia Costa Rica, el siempre vivo conflicto Palestino Israelita, EEUU con quién sea, las dos guerras mundiales, conflictos racistas donde quiera que haya una raza con una ramificación cromosómica distinta, líos fronterizos donde sea que haya una frontera, la reciente guerra del narco, las guerras santas, la guerra fría que tuvo a la humanidad al borde del exterminio nuclear durante décadas, entre muchas otras.
Nuestra historia ha estado marcada por guerras civiles, imperialistas, conquistas, independencias, revueltas, insubordinaciones, fratricidios, magnicidios, femicidios, atentados terroristas de gran escala, atentados terrorista de pequeña escala, epidemias, nacimiento y desaparición de estados nacionales, luchas por dinero, poder y odio. Matamos a Gandhi, a Luther King, a Malcom X y a Jesucristo; llevamos al poder a sociópatas criminales como Hitler, Idi Amin, Noriega y Papa Doc
El mundo no se acabó entonces y no se encuentra mucho más cerca de acabarse en este momento, no deja sin embargo de ser cierto a muchos si se les acabó su mundo, que millones han caído ganando y perdiendo guerras, queriendo o no pelearlas. Esto no es un asunto de religiones o de involución social, es un asunto de la visión que tenemos del mundo y de la humanidad, de nuestra propia voracidad y lo que creemos que es el éxito, de que nos provoca miedo y que nos causa una sensación de poder.
Cada vez que le deseamos la muerte a alguien, o apreciamos una respuesta violenta, o pedimos el ojo por ojo, o avalamos la pena de muerte, o hacemos comentarios xenófobos, racistas o discriminatorios de cualquier tipo, nosotros –desde nuestra esfera personal- contribuimos a la destrucción del entretejido social que nos sostiene, lanzamos piedras hacia arriba sin saber dónde terminarán cayendo. Nosotros tuvimos la suerte de nacer lejos del horror de la guerra, lejos del miedo y el hambre, la manera correcta de agradecer esta suerte es comportándonos de manera consecuente y apoyando una cultura de paz, para que nuestros hijos tengan la misma suerte que tuvimos.
En el siglo XX tuvimos cruentas guerras civiles en Afganistán, el Congo, Armenia, Argelia, Vietnam, Chechenia, Angola, Cambodia, Nigeria, Haití, República Dominicana, Etiopía, Finlandia, Grecia, Irlanda, Laos, Mozambique, Nepal, Sierra Leona, Sri Lanka, Uganda, Venezuela, Yemen, Portugal, Birmania, México, Niger, Nicaragua, Filipinas, Rusia, Sudáfrica, Chipre, El Salvador, Honduras, Guatemala, Turquía, Estonia, la India, Italia, Croacia, Yugoslavia, Papua, Sudán, Irak, Irán, Liberia, los kurdos donde sea que esté, Timor, la propia Costa Rica, el siempre vivo conflicto Palestino Israelita, EEUU con quién sea, las dos guerras mundiales, conflictos racistas donde quiera que haya una raza con una ramificación cromosómica distinta, líos fronterizos donde sea que haya una frontera, la reciente guerra del narco, las guerras santas, la guerra fría que tuvo a la humanidad al borde del exterminio nuclear durante décadas, entre muchas otras.
Nuestra historia ha estado marcada por guerras civiles, imperialistas, conquistas, independencias, revueltas, insubordinaciones, fratricidios, magnicidios, femicidios, atentados terroristas de gran escala, atentados terrorista de pequeña escala, epidemias, nacimiento y desaparición de estados nacionales, luchas por dinero, poder y odio. Matamos a Gandhi, a Luther King, a Malcom X y a Jesucristo; llevamos al poder a sociópatas criminales como Hitler, Idi Amin, Noriega y Papa Doc
El mundo no se acabó entonces y no se encuentra mucho más cerca de acabarse en este momento, no deja sin embargo de ser cierto a muchos si se les acabó su mundo, que millones han caído ganando y perdiendo guerras, queriendo o no pelearlas. Esto no es un asunto de religiones o de involución social, es un asunto de la visión que tenemos del mundo y de la humanidad, de nuestra propia voracidad y lo que creemos que es el éxito, de que nos provoca miedo y que nos causa una sensación de poder.
Cada vez que le deseamos la muerte a alguien, o apreciamos una respuesta violenta, o pedimos el ojo por ojo, o avalamos la pena de muerte, o hacemos comentarios xenófobos, racistas o discriminatorios de cualquier tipo, nosotros –desde nuestra esfera personal- contribuimos a la destrucción del entretejido social que nos sostiene, lanzamos piedras hacia arriba sin saber dónde terminarán cayendo. Nosotros tuvimos la suerte de nacer lejos del horror de la guerra, lejos del miedo y el hambre, la manera correcta de agradecer esta suerte es comportándonos de manera consecuente y apoyando una cultura de paz, para que nuestros hijos tengan la misma suerte que tuvimos.
miércoles, 8 de octubre de 2014
el daltónico
Gutiérrez Salazar, cubículo 9, Gutiérrez
Salazar, cubículo 9
-Buenas tardes, Doctor
-Pase por favor, tome asiento,
acá, en la silla café, colóquela de manera que esté usted cómodo.
-Acá le traigo los resultados del
encefalograma que me mando a hacer, la verdad no me aguanté la indiferencia y
le di una ojeada, pero como no tengo ningún conocimiento sobre eso solo
conseguí llenarme de certezas al respecto, dígame por favor que le ve porque ya
estoy tremendamente tranquilo con todo esto.
-Permítame y lo chequeamos, yo
creo que ya sé lo que pasa pero vamos a confirmarlo en la pantalla- Ah si,
definitivamente acá puedo verlo, lo ve acá?
-Que cosa?
-Ve esta especie de
protuberancias que se forman en esta área?
-Pues veo algo pero no se qué será
lo normal en estos casos
-Vea señor, no podemos en estos
casos hablar de lo normal o lo anormal, no vaya usted a sentirse como una cosa
rara.
-Bueno doctor, me da usted
demasiada confianza, de que se tratan esas pelotas?
-Bueno vea, lo que pasa es que
usted tiene una especie de inversión entre los hemisferios el cerebro, es un
asunto genético poco frecuente pero vamos a realizar otras pruebas para
determinarlo más allá de toda duda
-Eso quiere decir que tengo el
cerebro al revés?
-No, no, de ningún modo, es una
simple mala asociación pero no se vaya usted a asustar
-Pues, en realidad no me asusto
-Ajá! Lo dicho
-Que cosa?
-Eso coincide con lo que creo que
usted tiene, me va a decir usted que no siente ningún tipo de intimidación o
preocupación por lo que le estoy diciendo.
-Bueno, es que en principio confío
en usted, no veo la razón para caer en el pánico.
-Pero yo le estoy diciendo que
usted tiene un raro mal genético y no le preocupa en lo absoluto?
-Pues no encuentro la utilidad, más bien me
alegra haber venido.
-Y no siente usted apuro por
saber lo que tiene?
-Todo en su debido tiempo, más
bien creo que no es necesario para mí el saberlo.
-Vamos a realizar unas pruebas,
esta es una Carta de Ishihara. Le voy a presentar unas situaciones y me dirá
usted que es lo que va sintiendo.
-Adelante.
-Vea estos niños jugando en este
campo de flores, que le provoca?
-Me parece un poco falso, a ratos
me molesta que traten de imponer ternura con lugares comunes como este.
-Ahora vea este pobre perro flaco
y pulgoso, que le genera?
-Eso ya me provoca un poco más de
ternura, mírelo como conserva las ganas de vivir en su carne pegada al hueso.
-No pues es definitivo, ya sé que
tiene usted
-Que tengo Doctor?
-Usted tiene un padecimiento que
llamamos Daltonismo emocional.
-Daltonismo emocional? Pero si yo
veo perfectamente
-Pues eso no lo voy a discutir,
aunque tampoco lo podría asegurar, pero por ahí no va la cosa, el principio básico
es el mismo, el daltónico tiene dificultad para reconocer los colores de la
misma manera que usted tiene dificultad para identificar las emociones. Incluso
pasa por invertirlos en determinadas ocasiones.
-Bueno, me alegra mucho el saberlo,
pero como funciona eso?
-Pues vea por ejemplo, cuando
usted se enfrente a una situación de tensión se relajará, por el contrario la
calma y la paz hogareña le va a generar altos niveles de ansiedad. Cuando
reciba cariño sincero de una persona usted tendrá la necesidad de rechazarla y
alejarla, por el contrario, el desprecio y los malos tratos lo harán sentir más
interesado en esa persona.
-Vaya que interesante? Encuentro
que esto podría ser muy útil para mi vida.
-Pues es una forma positiva de verlo,
lo cual me hace pensar que le he dado una mala noticia.
-Y que debería hacer, tratar de
invertir mis emociones utilizando la razón como parámetro?
-Pues eso que dice sería lo más
sensato, de esta forma podrá usted encajar mejor con esta sociedad y no va
andar por ahí como un loco, mostrándose feliz por toda la delincuencia y el
hambre en África
-Que oportuno que me hace usted
este diagnóstico, ahora comienzo anotar los errores que he cometido en mi vida.
-Cuénteme por ejemplo.
-Pues para empezar tengo una
mujer hermosa, inteligente, atractiva por donde le vea, ella es exitosa y
convive con personas importantes. Yo de idiota ando por ahí confiando en ella y
sintiéndome orgulloso cuando lo natural sería sentirme inseguro por la
posibilidad, casi diría certeza, que me esté siendo infiel o vaya a dejarme. Yo
de imbécil le aplaudía sus logros cuando la cosa natural que hacer era tratar
de socavar su éxito para no ponerme en una situación de riesgo.
-Ya ve usted como el daltonismo le
ha estado afectando su vida.
-Y vea usted por ejemplo, yo
venía para acá con una sonrisa, de no haberme usted explicado bien este método
saldría de acá con la misma sonrisa con que llegué.
-Entiende usted lo inadecuado que
sería eso en esta sociedad?
-Lo entiendo ahora, de hecho estoy experimentando un episodio muy fuerte
de daltonismo emocional en este momento.
De que se trata?
-Debería estar agradecido con
usted por encontrar mi enfermedad, pero mi afección insiste en hacerlo ver como
el hijo de puta que se acaba de cagar en mi vida.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
¿cómo?
¿Cómo me olvido los caminos de una separación silente pero mutua? ¿Cómo me faltan las palabras para decirte que no entiendo que ruta tomamos desde el vernos y sentirnos, al intuirnos y ladrarnos? Como extraño a una persona que hoy me sienta mitológica.
Es otro adiós silente, otra bofetada a las santas posibilidades que nos fueron acordadas, otro adiós silente acompañado de un te odio silente, de un te añoro silente, de un te pude haber amado silente
Crucémonos de acera si nos vemos, ya nada de esto tiene sentido, morimos los dos un poco en esta fría neutralidad de los que se pudieron amar y hoy no pueden nada, ni siquiera odiarse
Es otro adiós silente, otra bofetada a las santas posibilidades que nos fueron acordadas, otro adiós silente acompañado de un te odio silente, de un te añoro silente, de un te pude haber amado silente
Crucémonos de acera si nos vemos, ya nada de esto tiene sentido, morimos los dos un poco en esta fría neutralidad de los que se pudieron amar y hoy no pueden nada, ni siquiera odiarse
martes, 14 de septiembre de 2010
nueve meses
Era una tarde del 14 febrero, justamente caía martes y era uno de esos días lentos en donde todos parecen solo preocuparse por andar organizando cenas románticas y despilfarrar amor por la oficina.
Naturalmente no pude soportarlo y decidí cambiar la rutina y aceptar una invitación de las personas del Circuito de Cines Magaly para ver en premiere exclusiva para ciertos sectores del gobierno un documental que venía causando mucho revuelo en festivales internacionales.
Se trataba de una oda ecológica que se presentaba como una charla del, hasta entonces parco y aburrido, Al Gore sobre el cambio climático, Una verdad incomoda le llamarían luego de ser traducida al español.
Ecologista incrédulo como lo he sido siempre, la película empezó a aburrirme no más comenzando, tocando fondo cuando hace un regreso a su infancia entre campos de tabaco. Para evitar la siesta entre las butacas, tomo mi teléfono y escribo un mensaje en tono jocoso para reenviar a todos mis contactos con respecto de la anteriormente mencionada efeméride.
Yo portaba uno de esos teléfonos como del imperio romano, entonces en la lista figuraban persona con las que no hablaba en años, varios teléfonos de 6 dígitos y hasta algún que otro difunto, después de enviar como 200 textos empezaron las respuestas.
Muchos jajajaja, muchas de esas sonrisas que se forman con signos ortográficos combinados pero curiosamente le llegó a una amiga que llevaba tiempo de no ver.
Se trataba de una muchacha espectacular de mi tiempo universitario, sencillamente espectacular y a la cual le había echado el cuento desde el primer día que la vi hasta que ya dejé de verla, religiosamente, sin fallar a la cita cada que la veía acercarse, cada que se sentaba a la par mía en clases, en cada recreo que nos inventábamos en simultaneo en la soda con cigarrillos.
-
Justo en ese momento recordé aquellos años del milenio cuando Zapote era Palmares y en fin de año reunía como al doble de la población costarricense para aglutinarse en los megabares como chanchos camino al matadero y ver a las modelos abrillantinadas y tomar cervezas en unos tubos de ensayo gigantes que llamaban yardas. Yo estaba borracho, como siempre, mientras bailaba la Proyecto Uno o los Venga Boyz o cualquier cosa que fomentara el contacto con las mujeres, claro, uno muy torpe, digno de un veinteañero recién recibido por la década.
En una que me movía para buscar esas casetas azules de ESCO por las que te cobraban 50 pesos para aguantar los olores acumulados de todo un día de yardas, camino a la salida y esquivando gente como en partido de rugby vi una cara de una morena maravillosa que me veía sonriendo, yo no lograba reconocerla entre las luces estroboscópicas y el hielo seco, aparte que no estaba seguro si era a mí a quien saludaba o la restante mitad de la población mundial que se ubicaba a mis espaldas.
Avance más hacia ella con la esperanza que la cercanía disfrazara mi keratocono y me diera una luz para entender quien era la diosa que me sonreía como el gato de Lewis Carroll. La respuesta no la obtuve sino cuando me encontraba ya a al frente de ella y noté el cambio en su color de cabello. Algo en mi cerebro se activó con los instintos más primarios como el león contra la gacela o la Ultra contra la Doce.
Me lanzo sin pensarlo directamente contra su boca, sin que mediara ninguna palabra entre los dos, sin embargo el sentir su aliento contra mi boca me sacó del trance como antes de morir en los sueños y logre dar un golpe de timón en la dirección de mis labios y alcanzar con mínima precisión su mejilla inmóvil chocando únicamente comisuras. Ese ataque de sentido común me duró los tres segundos que se prolongó nuestra conversación hasta que lo tensa de la situación me envió de vuelta a mi esquina.
Ella siempre tuvo novio, era natural. Era linda, simpática, popular y sensual como pocas a los 20 años, el tipo la había agarrado en el colegio y no la soltaba ni a sol ni a sombra, ella tristemente le correspondía haciendo del coqueteo un fenómeno inofensivo, al punto que lo hacía como una cosa deportiva porque no veías salida al otro lado de ese túnel.
Cuando llegue ese día me presentó a su nuevo novio, una cosa que me molestó aunque no debía, entre mi sonrisa fingida y esperando al primer segundo donde pudiera murmurarle un reclamo le recordé que había estado esperando años por la caída de esa castrante relación y que la próxima vez necesitaba una aviso inmediato con la actualización de su estado sentimental (creo que alguien en mi situación inventó facebook).
Era viernes a golpe de 8 de la noche y toda la vida social del universo rondaba la soda de la U Latina, la niñas vestidas como para la entrega de los Oscar y los tipos con una mirilla teledirigida esperando a que se acomodaran los engranajes de la estructura y se desocupara un asiento en la mesa indicada.
Yo estaba con mi Logia, haciendo las del gracioso, contando historias y sacando pecho cuando se desocupó un asiento en la mesa de ella, me senté en su mesa y comenzamos con un par de chistes, agraciosados con un par de voces de los personajes de la muy de moda Betty la fea mientras la veía en su falda corta con botas debajo de la rodilla. Entre la seducción improductiva del que piensa que la adulación pública y un par de chistes picarones son un camino seguro a una de esas camas súper cotizadas, de pronto ella me preguntó que iba a hacer en la noche.
Sin notárseme llevé la mano a la bolsa para cuantificar que tenía el presupuesto del universitario que aún mantiene mamá y que anoche en Hoolligan s me había estado tratado de familiarizar al whisky, intercambiándolo en tiempo por dos cervezas para estirar los pocos pesos. El veredicto estaba alrededor de los 2 mil colones, lo que me costaba un taxi para mi casa.
Comienza entonces a venderme la idea de una barra libre en el Planet Mall en donde una marca de Whisky hacía lanzamiento de campaña, lo único que había que pagar era 4 mil colones, es decir el doble de mi presupuesto. Angustiado busqué quien me prestara ese dinero pero parece que la situación de pobreza era generalizada.
A quien si me encontré fue a otra niña que me mataba y con quien había empezado a salir en el tiempo reciente y me ilusionaba mucho el camino que eso iba tomando, ella me replantea la invitación pero con una sutil diferencia, me dice “Tengo dos entradas a la fiesta del Planet”, resuelto ese problema ya pude ir con los 2 mil coloncitos doblados en el pantalón para regresar a mi casita ya pasadas las hostilidades. Mientras todos bailaban la música Axe, que era la gran novedad en Costa Rica, yo estaba encallado en medio de la pista sin poder si quiera seguir los pasos con la vista. Entre el divagar la vi en una de las escaleras de la disco, me disculpé para ir al baño y me le acerque, ella me recibe con un fuerte abrazo en lo que le digo, jugando de tipo cool, que si me había decidido a ir al final.
Ella se acerca al oído como para combatir contra el estruendo del Pe pe re pe y me dice mientras su aliento penetraba hasta mi martillo haciendo melodías esa música brasileña de mierda. – Hoy estoy sola- como nunca la había visto; yo voltee a la pista y vi a la niña con que llegué, bailando encantadora y sola en medio de la pista, trague grueso entonces y alejando la cara le dije –Yo no- mientras me alejaba.
Naturalmente no pude soportarlo y decidí cambiar la rutina y aceptar una invitación de las personas del Circuito de Cines Magaly para ver en premiere exclusiva para ciertos sectores del gobierno un documental que venía causando mucho revuelo en festivales internacionales.
Se trataba de una oda ecológica que se presentaba como una charla del, hasta entonces parco y aburrido, Al Gore sobre el cambio climático, Una verdad incomoda le llamarían luego de ser traducida al español.
Ecologista incrédulo como lo he sido siempre, la película empezó a aburrirme no más comenzando, tocando fondo cuando hace un regreso a su infancia entre campos de tabaco. Para evitar la siesta entre las butacas, tomo mi teléfono y escribo un mensaje en tono jocoso para reenviar a todos mis contactos con respecto de la anteriormente mencionada efeméride.
Yo portaba uno de esos teléfonos como del imperio romano, entonces en la lista figuraban persona con las que no hablaba en años, varios teléfonos de 6 dígitos y hasta algún que otro difunto, después de enviar como 200 textos empezaron las respuestas.
Muchos jajajaja, muchas de esas sonrisas que se forman con signos ortográficos combinados pero curiosamente le llegó a una amiga que llevaba tiempo de no ver.
Se trataba de una muchacha espectacular de mi tiempo universitario, sencillamente espectacular y a la cual le había echado el cuento desde el primer día que la vi hasta que ya dejé de verla, religiosamente, sin fallar a la cita cada que la veía acercarse, cada que se sentaba a la par mía en clases, en cada recreo que nos inventábamos en simultaneo en la soda con cigarrillos.
-
¿Como has estado?-
- Embarazada, suena como la respuesta más indicativa- Fue su decepcionante respuesta.
- ¿Cuanto meses llevás ya?- Le preguntaba mientras Gore jugaba con su grúa hidráulica para demostrar quien sabe qué cosa
- 9 y contando- Me respondió a los pocos segundos.
- -Te has de ver divina- le respondí mientras se apilaba la fila de contestaciones en mi bandeja de entrada.
- Si por divina querés decir inmensa, pues si-
- ¿Sabés que esta es la primera vez que te digo eso sin una intención sexual? Je je je –El universal je je je que pretende quitar lo estúpido a los comentarios posiblemente estúpidos.
- Entre todos los escenarios en que te imaginé, creo que los primeros en descartar fue conversando mientras espero que mi hijo se decida a salir-
- -No le digás nada, pero dice Al Gore que el mundo se va a acabar en cosa de 15 minutos- Le respondí como si ella estuviera viendo la película
- Ja ja ja- con lo que es un equivalente del respetuosamente de la correspondencia, para cerrar una conversación con la que posiblemente cerrábamos todas nuestras futuras conversaciones.
Justo en ese momento recordé aquellos años del milenio cuando Zapote era Palmares y en fin de año reunía como al doble de la población costarricense para aglutinarse en los megabares como chanchos camino al matadero y ver a las modelos abrillantinadas y tomar cervezas en unos tubos de ensayo gigantes que llamaban yardas. Yo estaba borracho, como siempre, mientras bailaba la Proyecto Uno o los Venga Boyz o cualquier cosa que fomentara el contacto con las mujeres, claro, uno muy torpe, digno de un veinteañero recién recibido por la década.
En una que me movía para buscar esas casetas azules de ESCO por las que te cobraban 50 pesos para aguantar los olores acumulados de todo un día de yardas, camino a la salida y esquivando gente como en partido de rugby vi una cara de una morena maravillosa que me veía sonriendo, yo no lograba reconocerla entre las luces estroboscópicas y el hielo seco, aparte que no estaba seguro si era a mí a quien saludaba o la restante mitad de la población mundial que se ubicaba a mis espaldas.
Avance más hacia ella con la esperanza que la cercanía disfrazara mi keratocono y me diera una luz para entender quien era la diosa que me sonreía como el gato de Lewis Carroll. La respuesta no la obtuve sino cuando me encontraba ya a al frente de ella y noté el cambio en su color de cabello. Algo en mi cerebro se activó con los instintos más primarios como el león contra la gacela o la Ultra contra la Doce.
Me lanzo sin pensarlo directamente contra su boca, sin que mediara ninguna palabra entre los dos, sin embargo el sentir su aliento contra mi boca me sacó del trance como antes de morir en los sueños y logre dar un golpe de timón en la dirección de mis labios y alcanzar con mínima precisión su mejilla inmóvil chocando únicamente comisuras. Ese ataque de sentido común me duró los tres segundos que se prolongó nuestra conversación hasta que lo tensa de la situación me envió de vuelta a mi esquina.
- ¿Sabés que quedé embarazada la última vez que nos vimos?- Saltó de mi teléfono que no había dejado de ver directamente desde el ja ja ja.
- -No veo médicamente posible mi relación con eso, a menos que utilicemos la biblia como libro de referencia- Mientras recordaba ese día hace ya nueve meses en que nos vimos casualmente al tiempo que ya casi no nos veíamos.
- Ese mismo día que te presenté a mi nuevo novio- Me dijo con un sentido macabro del humor que yo capte perfectamente.
Ella siempre tuvo novio, era natural. Era linda, simpática, popular y sensual como pocas a los 20 años, el tipo la había agarrado en el colegio y no la soltaba ni a sol ni a sombra, ella tristemente le correspondía haciendo del coqueteo un fenómeno inofensivo, al punto que lo hacía como una cosa deportiva porque no veías salida al otro lado de ese túnel.
Cuando llegue ese día me presentó a su nuevo novio, una cosa que me molestó aunque no debía, entre mi sonrisa fingida y esperando al primer segundo donde pudiera murmurarle un reclamo le recordé que había estado esperando años por la caída de esa castrante relación y que la próxima vez necesitaba una aviso inmediato con la actualización de su estado sentimental (creo que alguien en mi situación inventó facebook).
- No me diste un segundo nunca, nunca estuviste sola- Le respondía el mensaje con la misma mirada que hace 9 meses.
- Si te lo di, ya no te acordás?-
Era viernes a golpe de 8 de la noche y toda la vida social del universo rondaba la soda de la U Latina, la niñas vestidas como para la entrega de los Oscar y los tipos con una mirilla teledirigida esperando a que se acomodaran los engranajes de la estructura y se desocupara un asiento en la mesa indicada.
Yo estaba con mi Logia, haciendo las del gracioso, contando historias y sacando pecho cuando se desocupó un asiento en la mesa de ella, me senté en su mesa y comenzamos con un par de chistes, agraciosados con un par de voces de los personajes de la muy de moda Betty la fea mientras la veía en su falda corta con botas debajo de la rodilla. Entre la seducción improductiva del que piensa que la adulación pública y un par de chistes picarones son un camino seguro a una de esas camas súper cotizadas, de pronto ella me preguntó que iba a hacer en la noche.
Sin notárseme llevé la mano a la bolsa para cuantificar que tenía el presupuesto del universitario que aún mantiene mamá y que anoche en Hoolligan s me había estado tratado de familiarizar al whisky, intercambiándolo en tiempo por dos cervezas para estirar los pocos pesos. El veredicto estaba alrededor de los 2 mil colones, lo que me costaba un taxi para mi casa.
Comienza entonces a venderme la idea de una barra libre en el Planet Mall en donde una marca de Whisky hacía lanzamiento de campaña, lo único que había que pagar era 4 mil colones, es decir el doble de mi presupuesto. Angustiado busqué quien me prestara ese dinero pero parece que la situación de pobreza era generalizada.
A quien si me encontré fue a otra niña que me mataba y con quien había empezado a salir en el tiempo reciente y me ilusionaba mucho el camino que eso iba tomando, ella me replantea la invitación pero con una sutil diferencia, me dice “Tengo dos entradas a la fiesta del Planet”, resuelto ese problema ya pude ir con los 2 mil coloncitos doblados en el pantalón para regresar a mi casita ya pasadas las hostilidades. Mientras todos bailaban la música Axe, que era la gran novedad en Costa Rica, yo estaba encallado en medio de la pista sin poder si quiera seguir los pasos con la vista. Entre el divagar la vi en una de las escaleras de la disco, me disculpé para ir al baño y me le acerque, ella me recibe con un fuerte abrazo en lo que le digo, jugando de tipo cool, que si me había decidido a ir al final.
Ella se acerca al oído como para combatir contra el estruendo del Pe pe re pe y me dice mientras su aliento penetraba hasta mi martillo haciendo melodías esa música brasileña de mierda. – Hoy estoy sola- como nunca la había visto; yo voltee a la pista y vi a la niña con que llegué, bailando encantadora y sola en medio de la pista, trague grueso entonces y alejando la cara le dije –Yo no- mientras me alejaba.
- Dos mil colones son los que nos terminaron por separar- Le dije viendo el estañón de palomitas de maíz que me habían costado más caras que eso
- El tiempo nunca nos hizo ningún bien- Mientras apoyaba el teléfono sobre su panzota de nueve meses y yo veía a un oso polar ahogarse.
- Aquel Zapote no moviste la cara en ningún momento-
- Vos tampoco le ayudaste mucho al tiempo-
martes, 6 de julio de 2010
abandonando con donaire las cosas de la juventud
El jueves anterior, mientras asistía a la presentación de la colección de mi amiga Gaby, comencé a sentir el rostro caliente, especialmente las orejas que estaban como un baile en Pocora de Guapiles a medio día, fui al baño a remojarme la cara para refrescar lo que suponía era una noche de verano, en el espejo note que estaba de un rojo iridiscente, como señal de alto o tarjeta de expulsión.
Yo que tengo un antecedente familiar importante, imagine pues que tendría la presión alta, este efecto lo comprobé al día siguiente cuando la farmacéutica me miraba como si hubiera salido vivo del accidente aéreo en los Alpes. Me receto un diurético (anteriormente para orinar utilizaba la cerveza) y otro medicamento de esos que marcan un antes y un después, me dio mi primera pastilla para la presión.
Entre la linaza, el agua de pipa y un impulso disminuido a mi vida nocturna he logrado descender mi ritmo cardiaco a niveles casi humanos y así colocar un clavo más en el ataúd de mi juventud aventurera.
No digo que acabe la fiesta para mi, en realidad el tema es hacer un poco de ejercicio, comer más sanamente y ver cuanto atenolol dice el cardiopata que tengo que mezclar con mi whisky, solo se que ya la presión será un elemento mas que analizar antes de dejar volar el ritmo de mi hedonismo.
Cuando creía que era suficiente con mi hora de entrada al trabajo o el cansancio natural que viene cuando se van los 20s, surge otra cosa más. Lo peor es que si me dejo seducir por la posibilidad chamánica de los exámenes médicos, pronto mi mesita de noche -que en dorados tiempos solo contenía condones como productos farmacéuticos- terminará viéndose como la ultima cena de Heath Ledger.
Cada vez que amanezca con el brazo dormido no supondré automáticamente que dormí sobre esa extremidad, asumiré que estoy en el vórtice de mi primer y quizás definitivo infarto; la acidez dejará de llamarse así y pasará a ser reflujo gástrico y quizás algún día empezare el rosario con los primeros besos a ver si en los definitivos formalizo la migración sanguínea a mi hemisferio norte.
Esta sociedad moderna nos convierte en animales tan patéticos que tenemos que propiciar con fármacos funciones tan vitales que ni el más débil de la selva no pueda desempeñar; por ejemplo; el tomar pastillas para dormir, o comer fibra, todo este tipo de cosas te hacen cuestionar seriamente lo que llamamos avance científico, nos proponemos remedios para cosas que originalmente hacíamos bien.
Legamos finalmente el camino natural de nuestro organismo en un curandero autoglorificado que prefiere perder sus huevos antes de su bata blanca y va a almorzar con el estetoscopio guindado al cuello. Y repentinamente se convierte en tu salvador, en el único sujeto indispensable en toda la sociedad.
Nomas llegando te prohíbe el cigarrillo, quizás antes que el crack, te manda a dormir arriba de 8 horas, siendo consiente de lo que cuesta pagar cualquiera de sus pastillitas sin contar su onerosa hora de asesoría, te manda a bajar la tensión laboral.
Un piquete a la vena más tarde te dice que tenés más colesterol que un huevo frito y que los triglicéridos andan por las nubes, en esa posición de inferioridad y sin siquiera una bata blanca que te defienda, jamás te atreverías a preguntar que putas son los triglicéridos. Y entonces podes olvidarte de la sal, y luego cambiar el azúcar por esos malditos edulcorantes que son más feos que ver a tu papá saliendo de un cafetal de la mano de Carl Davis.
Luego de ese punto no volverías a agarrar un chicharrón si sentirte como si estuvieras fumando piedra afuera del Museo de los Niños, y es justo eso lo que te afecta, la puta culpa, que adicionalmente te genera el stress que intentabas evitar.
Y bueno ¿Que mejor modo de evitar el stress que reprimiéndote justamente todo lo que te gusta hacer?
¿Trago? Una copita de vino cada noche ¿Qué clase de degenerado puede salir y tomarse una copita de vino en toda la noche? Alguien evidentemente no familiarizado con las maravillas del alcohol en proporciones malsanas.
Entre mas te lo van acorralando, recordás con memoria mas emotiva aquellas noches beodas en que las cosas empezaban como un trago con una niña linda y medio litro mas tarde eran Pamela Andersson y Tommy Lee, o aquellas tarde interminables en que saltabas de cerveza en cerveza y el tiempo se iba distrayendo con los chistes y las historias hasta alcanzar el nuevo día como deberían llegar todos… borracho.
Y después fumarme un cigarro a culo pelado en la grada, temprano desayunar pancakes, habiendo dormido tres horas cuando mucho, con polvo entre dormido y despierto. Este tipo de cosas no son compatibles con levantarse a correr a las 4 de la mañana o las cinco comidas.
Mierda, yo quiero vivir mas tiempo pero también quiero vivir, no estoy diciendo con esto que todo lo divertido es malo… pero si lo estoy pensando. En realidad en todo placer de la vida hay una acción de renunciación, los padres de los recién nacidos renuncian a sus noches tranquilas y conforme van creciendo a todo lo demás; cuando uno decide unir su vida a una sola persona renuncia a las otras (en teoría al menos). Pues bueno, en un estilo de vida de mujeres, alcohol y demás vicios también se renuncia a algo y es a la seguridad.
Que pare la obsesión con la vida sana, si esa es su opción no tiene porque ser la mía, usted tomo su camino y yo el mío y ambos vamos a llegar al mismo sitio, tres metros bajo tierra.
Mientras tanto espero que usted esté disfrutando su vida como yo estoy disfrutando la mía, y sírvame otro por favor otro atenolol con ginebra y un poco de quinada que quiero brindar por mi presión arterial, que me demuestra que todavía tengo corazón.
Yo que tengo un antecedente familiar importante, imagine pues que tendría la presión alta, este efecto lo comprobé al día siguiente cuando la farmacéutica me miraba como si hubiera salido vivo del accidente aéreo en los Alpes. Me receto un diurético (anteriormente para orinar utilizaba la cerveza) y otro medicamento de esos que marcan un antes y un después, me dio mi primera pastilla para la presión.
Entre la linaza, el agua de pipa y un impulso disminuido a mi vida nocturna he logrado descender mi ritmo cardiaco a niveles casi humanos y así colocar un clavo más en el ataúd de mi juventud aventurera.
No digo que acabe la fiesta para mi, en realidad el tema es hacer un poco de ejercicio, comer más sanamente y ver cuanto atenolol dice el cardiopata que tengo que mezclar con mi whisky, solo se que ya la presión será un elemento mas que analizar antes de dejar volar el ritmo de mi hedonismo.
Cuando creía que era suficiente con mi hora de entrada al trabajo o el cansancio natural que viene cuando se van los 20s, surge otra cosa más. Lo peor es que si me dejo seducir por la posibilidad chamánica de los exámenes médicos, pronto mi mesita de noche -que en dorados tiempos solo contenía condones como productos farmacéuticos- terminará viéndose como la ultima cena de Heath Ledger.
Cada vez que amanezca con el brazo dormido no supondré automáticamente que dormí sobre esa extremidad, asumiré que estoy en el vórtice de mi primer y quizás definitivo infarto; la acidez dejará de llamarse así y pasará a ser reflujo gástrico y quizás algún día empezare el rosario con los primeros besos a ver si en los definitivos formalizo la migración sanguínea a mi hemisferio norte.
Esta sociedad moderna nos convierte en animales tan patéticos que tenemos que propiciar con fármacos funciones tan vitales que ni el más débil de la selva no pueda desempeñar; por ejemplo; el tomar pastillas para dormir, o comer fibra, todo este tipo de cosas te hacen cuestionar seriamente lo que llamamos avance científico, nos proponemos remedios para cosas que originalmente hacíamos bien.
Legamos finalmente el camino natural de nuestro organismo en un curandero autoglorificado que prefiere perder sus huevos antes de su bata blanca y va a almorzar con el estetoscopio guindado al cuello. Y repentinamente se convierte en tu salvador, en el único sujeto indispensable en toda la sociedad.
Nomas llegando te prohíbe el cigarrillo, quizás antes que el crack, te manda a dormir arriba de 8 horas, siendo consiente de lo que cuesta pagar cualquiera de sus pastillitas sin contar su onerosa hora de asesoría, te manda a bajar la tensión laboral.
Un piquete a la vena más tarde te dice que tenés más colesterol que un huevo frito y que los triglicéridos andan por las nubes, en esa posición de inferioridad y sin siquiera una bata blanca que te defienda, jamás te atreverías a preguntar que putas son los triglicéridos. Y entonces podes olvidarte de la sal, y luego cambiar el azúcar por esos malditos edulcorantes que son más feos que ver a tu papá saliendo de un cafetal de la mano de Carl Davis.
Luego de ese punto no volverías a agarrar un chicharrón si sentirte como si estuvieras fumando piedra afuera del Museo de los Niños, y es justo eso lo que te afecta, la puta culpa, que adicionalmente te genera el stress que intentabas evitar.
Y bueno ¿Que mejor modo de evitar el stress que reprimiéndote justamente todo lo que te gusta hacer?
¿Trago? Una copita de vino cada noche ¿Qué clase de degenerado puede salir y tomarse una copita de vino en toda la noche? Alguien evidentemente no familiarizado con las maravillas del alcohol en proporciones malsanas.
Entre mas te lo van acorralando, recordás con memoria mas emotiva aquellas noches beodas en que las cosas empezaban como un trago con una niña linda y medio litro mas tarde eran Pamela Andersson y Tommy Lee, o aquellas tarde interminables en que saltabas de cerveza en cerveza y el tiempo se iba distrayendo con los chistes y las historias hasta alcanzar el nuevo día como deberían llegar todos… borracho.
Y después fumarme un cigarro a culo pelado en la grada, temprano desayunar pancakes, habiendo dormido tres horas cuando mucho, con polvo entre dormido y despierto. Este tipo de cosas no son compatibles con levantarse a correr a las 4 de la mañana o las cinco comidas.
Mierda, yo quiero vivir mas tiempo pero también quiero vivir, no estoy diciendo con esto que todo lo divertido es malo… pero si lo estoy pensando. En realidad en todo placer de la vida hay una acción de renunciación, los padres de los recién nacidos renuncian a sus noches tranquilas y conforme van creciendo a todo lo demás; cuando uno decide unir su vida a una sola persona renuncia a las otras (en teoría al menos). Pues bueno, en un estilo de vida de mujeres, alcohol y demás vicios también se renuncia a algo y es a la seguridad.
Que pare la obsesión con la vida sana, si esa es su opción no tiene porque ser la mía, usted tomo su camino y yo el mío y ambos vamos a llegar al mismo sitio, tres metros bajo tierra.
Mientras tanto espero que usted esté disfrutando su vida como yo estoy disfrutando la mía, y sírvame otro por favor otro atenolol con ginebra y un poco de quinada que quiero brindar por mi presión arterial, que me demuestra que todavía tengo corazón.
martes, 1 de junio de 2010
la equivocada
Yo conozco a esa mujer de la que está usted hablando.
Y perdone que me meta en lo que usted considera que no me importa pero la verdad es que si me importa porque yo conozco a esa mujer, es más yo estuve enamorado de esa mujer.
Le puedo decir incluso que no hace tanto tiempo me cansaba el pensamiento entre mis debilidades y sus perversidades, le puedo decir que no hace tanto todavía esperaba su llamada; mierda todavía la espero.
La conocí casi de niña, se me metió en un ojo como partícula de polvo y como partícula de polvo me hizo inexorablemente llorar, y luego se metió en el corazón como un soplo y como un soplo intentó llevarme a la muerte con cada esfuerzo que hacía por retenerla.
Al poco tiempo aprendí entonces a no retenerla, con mi corazón enfermo me resigne a sentarme y esperarla. Tejiendo deudas y noches en velas, aguardando como merodeador a que saliera de su claustro de amor ajeno; porque esa mujer si que sabía amar, únicamente que no a mi y notoriamente a usted tampoco.
Y ella regresaba a veces y cada vez que dejábamos de vernos era un adiós, a veces nos decíamos adiós al saludarnos, funerarios como la palabra cáncer. Hay que ser muy hombre para aceptar la muerte mil veces, no es cualquier bobalicón como usted que tiene que venir a sentarse en una barra a que sus amiguitos le limpien le saquen la arena de la vagina y le echen la culpa a ella, como si ella tuviera tiempo que perder con buenos para nada como usted.
De rodillas debería agradecer que se hay fijado en un novillero como usted, ha venido perdiendo su buen gusto desde que me dejó. Y es que lo triste es que no puedo siquiera decir que me dejara si para eso había que estar, ella era etérea como el concepto de Dios, era una vana aspiración basada cuando mejor en el optimismo.
Tal vez era distinta de día, no podría asegurarlo, mi horario era nocturno como celador o puta. Yo en el día era alguien, me bañaba y afeitaba, por ahí me decía de vez en cuando Don; pero en la noche me disfrazaba de victima como el zapato colgado del alambre telefónico que tengo al frente. Mi diferencia es que yo ya no me quejo.
No me quejo porque al menos a ratos tuve la mejor mujer de todas, una mujer escalofriante, precisa como resonancia magnética, una mujer que rejuvenece con shangri la pero mata como el cigarrillo, como un buen cigarrillo. Ella no era para dormir la siesta en su monte de Venus, para que te cuide las comidas o contarle los problemas de oficina; usted quizás no entendió lo que valía su tiempo, el tiempo es la materia prima de la vida y ella era la mismísima vida en arial 12 a espacio y medio.
En algún momento renegué de ella pero seguía apareciendo, yo decidí no hacerle más caso pero aparecía persistentemente disfrazada, con otro pelo, con otra bebida en la mano y con aliento a un tabaco diferente… pero vos sabías que era la misma, esa sensación es irrepetible. Era la misma en cada caso: la que me robo el pudor cuando adolescente, la que me sacó las primeras canas, la que puso mi ropa en bolsas de basura con olor a limón, por la que me pelee con mis amigos, la que me hizo pasarme el futuro por la nariz y la jareta
Era la misma lo juro porque solo se ama así una vez, le preguntaba su nombre cada vez porque había bebido y se me olvidan las cosas, ella me preguntaba mi nombre cada vez porque no podía ocupar su cabeza en levedades como yo.
Entre esas piernas vi pasar mi estabilidad, las promesas que me hice cuando niño, el perro lanudo en el jardín y la oficina con aire acondicionado; me distraje con ella y me perdí el final de la novela, me bebí el dinero de la colegiatura de mis hijos, me atropellaron tres décadas a velocidad temeraria y con unos tragos en la cabeza.
Yo también quería insultarla, la quería reputear, ir a su casa borracho o llevarle serenatas, decirle que sin ella me muero o dedicarle dos canciones; dichosamente nunca supe como ubicarla. No crea que no lloré en algún momento, lloré todas las lágrimas que me quedaban, se me gastaron todas. Pero ella me transmitió su capacidad de hacer llorar a otras como le fue en algún momento a ella transmitida por el hijo de puta que le enseño todo eso, todo eso que solo me deja dormir con pastillas.
La reconocí cuando la nombró -la equivocada- también responde al nombre de la ajena y algunos otros epítetos que ya no les permito.
En el fondo se que me extraña, jamás con la misma intensidad que la extraño yo –naturalmente- yo siempre la quise mucho más. Sin embargo le reconozco que ella siempre contó con muchas más opciones y decidía buscarme a mi y no por mi billetera ni mi buen físico, sin razón alguna me escogía a mi.
Usted dirá que no me importa pero ella me importa, y solo le advierto una cosa: límpiese la boca antes de volver a mentarla, porque siempre tuvo en mi un hombre que de la cara por ella.
Y perdone que me meta en lo que usted considera que no me importa pero la verdad es que si me importa porque yo conozco a esa mujer, es más yo estuve enamorado de esa mujer.
Le puedo decir incluso que no hace tanto tiempo me cansaba el pensamiento entre mis debilidades y sus perversidades, le puedo decir que no hace tanto todavía esperaba su llamada; mierda todavía la espero.
La conocí casi de niña, se me metió en un ojo como partícula de polvo y como partícula de polvo me hizo inexorablemente llorar, y luego se metió en el corazón como un soplo y como un soplo intentó llevarme a la muerte con cada esfuerzo que hacía por retenerla.
Al poco tiempo aprendí entonces a no retenerla, con mi corazón enfermo me resigne a sentarme y esperarla. Tejiendo deudas y noches en velas, aguardando como merodeador a que saliera de su claustro de amor ajeno; porque esa mujer si que sabía amar, únicamente que no a mi y notoriamente a usted tampoco.
Y ella regresaba a veces y cada vez que dejábamos de vernos era un adiós, a veces nos decíamos adiós al saludarnos, funerarios como la palabra cáncer. Hay que ser muy hombre para aceptar la muerte mil veces, no es cualquier bobalicón como usted que tiene que venir a sentarse en una barra a que sus amiguitos le limpien le saquen la arena de la vagina y le echen la culpa a ella, como si ella tuviera tiempo que perder con buenos para nada como usted.
De rodillas debería agradecer que se hay fijado en un novillero como usted, ha venido perdiendo su buen gusto desde que me dejó. Y es que lo triste es que no puedo siquiera decir que me dejara si para eso había que estar, ella era etérea como el concepto de Dios, era una vana aspiración basada cuando mejor en el optimismo.
Tal vez era distinta de día, no podría asegurarlo, mi horario era nocturno como celador o puta. Yo en el día era alguien, me bañaba y afeitaba, por ahí me decía de vez en cuando Don; pero en la noche me disfrazaba de victima como el zapato colgado del alambre telefónico que tengo al frente. Mi diferencia es que yo ya no me quejo.
No me quejo porque al menos a ratos tuve la mejor mujer de todas, una mujer escalofriante, precisa como resonancia magnética, una mujer que rejuvenece con shangri la pero mata como el cigarrillo, como un buen cigarrillo. Ella no era para dormir la siesta en su monte de Venus, para que te cuide las comidas o contarle los problemas de oficina; usted quizás no entendió lo que valía su tiempo, el tiempo es la materia prima de la vida y ella era la mismísima vida en arial 12 a espacio y medio.
En algún momento renegué de ella pero seguía apareciendo, yo decidí no hacerle más caso pero aparecía persistentemente disfrazada, con otro pelo, con otra bebida en la mano y con aliento a un tabaco diferente… pero vos sabías que era la misma, esa sensación es irrepetible. Era la misma en cada caso: la que me robo el pudor cuando adolescente, la que me sacó las primeras canas, la que puso mi ropa en bolsas de basura con olor a limón, por la que me pelee con mis amigos, la que me hizo pasarme el futuro por la nariz y la jareta
Era la misma lo juro porque solo se ama así una vez, le preguntaba su nombre cada vez porque había bebido y se me olvidan las cosas, ella me preguntaba mi nombre cada vez porque no podía ocupar su cabeza en levedades como yo.
Entre esas piernas vi pasar mi estabilidad, las promesas que me hice cuando niño, el perro lanudo en el jardín y la oficina con aire acondicionado; me distraje con ella y me perdí el final de la novela, me bebí el dinero de la colegiatura de mis hijos, me atropellaron tres décadas a velocidad temeraria y con unos tragos en la cabeza.
Yo también quería insultarla, la quería reputear, ir a su casa borracho o llevarle serenatas, decirle que sin ella me muero o dedicarle dos canciones; dichosamente nunca supe como ubicarla. No crea que no lloré en algún momento, lloré todas las lágrimas que me quedaban, se me gastaron todas. Pero ella me transmitió su capacidad de hacer llorar a otras como le fue en algún momento a ella transmitida por el hijo de puta que le enseño todo eso, todo eso que solo me deja dormir con pastillas.
La reconocí cuando la nombró -la equivocada- también responde al nombre de la ajena y algunos otros epítetos que ya no les permito.
En el fondo se que me extraña, jamás con la misma intensidad que la extraño yo –naturalmente- yo siempre la quise mucho más. Sin embargo le reconozco que ella siempre contó con muchas más opciones y decidía buscarme a mi y no por mi billetera ni mi buen físico, sin razón alguna me escogía a mi.
Usted dirá que no me importa pero ella me importa, y solo le advierto una cosa: límpiese la boca antes de volver a mentarla, porque siempre tuvo en mi un hombre que de la cara por ella.
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