martes, 14 de septiembre de 2010

nueve meses

Era una tarde del 14 febrero, justamente caía martes y era uno de esos días lentos en donde todos parecen solo preocuparse por andar organizando cenas románticas y despilfarrar amor por la oficina.


Naturalmente no pude soportarlo y decidí cambiar la rutina y aceptar una invitación de las personas del Circuito de Cines Magaly para ver en premiere exclusiva para ciertos sectores del gobierno un documental que venía causando mucho revuelo en festivales internacionales.

Se trataba de una oda ecológica que se presentaba como una charla del, hasta entonces parco y aburrido, Al Gore sobre el cambio climático, Una verdad incomoda le llamarían luego de ser traducida al español.

Ecologista incrédulo como lo he sido siempre, la película empezó a aburrirme no más comenzando, tocando fondo cuando hace un regreso a su infancia entre campos de tabaco. Para evitar la siesta entre las butacas, tomo mi teléfono y escribo un mensaje en tono jocoso para reenviar a todos mis contactos con respecto de la anteriormente mencionada efeméride.

Yo portaba uno de esos teléfonos como del imperio romano, entonces en la lista figuraban persona con las que no hablaba en años, varios teléfonos de 6 dígitos y hasta algún que otro difunto, después de enviar como 200 textos empezaron las respuestas.

Muchos jajajaja, muchas de esas sonrisas que se forman con signos ortográficos combinados pero curiosamente le llegó a una amiga que llevaba tiempo de no ver.

Se trataba de una muchacha espectacular de mi tiempo universitario, sencillamente espectacular y a la cual le había echado el cuento desde el primer día que la vi hasta que ya dejé de verla, religiosamente, sin fallar a la cita cada que la veía acercarse, cada que se sentaba a la par mía en clases, en cada recreo que nos inventábamos en simultaneo en la soda con cigarrillos.

-
¿Como has estado?-


- Embarazada, suena como la respuesta más indicativa- Fue su decepcionante respuesta.


- ¿Cuanto meses llevás ya?- Le preguntaba mientras Gore jugaba con su grúa hidráulica para demostrar quien sabe qué cosa


- 9 y contando- Me respondió a los pocos segundos.


- -Te has de ver divina- le respondí mientras se apilaba la fila de contestaciones en mi bandeja de entrada.


- Si por divina querés decir inmensa, pues si-


- ¿Sabés que esta es la primera vez que te digo eso sin una intención sexual? Je je je –El universal je je je que pretende quitar lo estúpido a los comentarios posiblemente estúpidos.


- Entre todos los escenarios en que te imaginé, creo que los primeros en descartar fue conversando mientras espero que mi hijo se decida a salir-


- -No le digás nada, pero dice Al Gore que el mundo se va a acabar en cosa de 15 minutos- Le respondí como si ella estuviera viendo la película


- Ja ja ja- con lo que es un equivalente del respetuosamente de la correspondencia, para cerrar una conversación con la que posiblemente cerrábamos todas nuestras futuras conversaciones.

Justo en ese momento recordé aquellos años del milenio cuando Zapote era Palmares y en fin de año reunía como al doble de la población costarricense para aglutinarse en los megabares como chanchos camino al matadero y ver a las modelos abrillantinadas y tomar cervezas en unos tubos de ensayo gigantes que llamaban yardas. Yo estaba borracho, como siempre, mientras bailaba la Proyecto Uno o los Venga Boyz o cualquier cosa que fomentara el contacto con las mujeres, claro, uno muy torpe, digno de un veinteañero recién recibido por la década.

En una que me movía para buscar esas casetas azules de ESCO por las que te cobraban 50 pesos para aguantar los olores acumulados de todo un día de yardas, camino a la salida y esquivando gente como en partido de rugby vi una cara de una morena maravillosa que me veía sonriendo, yo no lograba reconocerla entre las luces estroboscópicas y el hielo seco, aparte que no estaba seguro si era a mí a quien saludaba o la restante mitad de la población mundial que se ubicaba a mis espaldas.

Avance más hacia ella con la esperanza que la cercanía disfrazara mi keratocono y me diera una luz para entender quien era la diosa que me sonreía como el gato de Lewis Carroll. La respuesta no la obtuve sino cuando me encontraba ya a al frente de ella y noté el cambio en su color de cabello. Algo en mi cerebro se activó con los instintos más primarios como el león contra la gacela o la Ultra contra la Doce.

Me lanzo sin pensarlo directamente contra su boca, sin que mediara ninguna palabra entre los dos, sin embargo el sentir su aliento contra mi boca me sacó del trance como antes de morir en los sueños y logre dar un golpe de timón en la dirección de mis labios y alcanzar con mínima precisión su mejilla inmóvil chocando únicamente comisuras. Ese ataque de sentido común me duró los tres segundos que se prolongó nuestra conversación hasta que lo tensa de la situación me envió de vuelta a mi esquina.

- ¿Sabés que quedé embarazada la última vez que nos vimos?- Saltó de mi teléfono que no había dejado de ver directamente desde el ja ja ja.


- -No veo médicamente posible mi relación con eso, a menos que utilicemos la biblia como libro de referencia- Mientras recordaba ese día hace ya nueve meses en que nos vimos casualmente al tiempo que ya casi no nos veíamos.


- Ese mismo día que te presenté a mi nuevo novio- Me dijo con un sentido macabro del humor que yo capte perfectamente.

Ella siempre tuvo novio, era natural. Era linda, simpática, popular y sensual como pocas a los 20 años, el tipo la había agarrado en el colegio y no la soltaba ni a sol ni a sombra, ella tristemente le correspondía haciendo del coqueteo un fenómeno inofensivo, al punto que lo hacía como una cosa deportiva porque no veías salida al otro lado de ese túnel.

Cuando llegue ese día me presentó a su nuevo novio, una cosa que me molestó aunque no debía, entre mi sonrisa fingida y esperando al primer segundo donde pudiera murmurarle un reclamo le recordé que había estado esperando años por la caída de esa castrante relación y que la próxima vez necesitaba una aviso inmediato con la actualización de su estado sentimental (creo que alguien en mi situación inventó facebook).

- No me diste un segundo nunca, nunca estuviste sola- Le respondía el mensaje con la misma mirada que hace 9 meses.


- Si te lo di, ya no te acordás?-

Era viernes a golpe de 8 de la noche y toda la vida social del universo rondaba la soda de la U Latina, la niñas vestidas como para la entrega de los Oscar y los tipos con una mirilla teledirigida esperando a que se acomodaran los engranajes de la estructura y se desocupara un asiento en la mesa indicada.

Yo estaba con mi Logia, haciendo las del gracioso, contando historias y sacando pecho cuando se desocupó un asiento en la mesa de ella, me senté en su mesa y comenzamos con un par de chistes, agraciosados con un par de voces de los personajes de la muy de moda Betty la fea mientras la veía en su falda corta con botas debajo de la rodilla. Entre la seducción improductiva del que piensa que la adulación pública y un par de chistes picarones son un camino seguro a una de esas camas súper cotizadas, de pronto ella me preguntó que iba a hacer en la noche.

Sin notárseme llevé la mano a la bolsa para cuantificar que tenía el presupuesto del universitario que aún mantiene mamá y que anoche en Hoolligan s me había estado tratado de familiarizar al whisky, intercambiándolo en tiempo por dos cervezas para estirar los pocos pesos. El veredicto estaba alrededor de los 2 mil colones, lo que me costaba un taxi para mi casa.

Comienza entonces a venderme la idea de una barra libre en el Planet Mall en donde una marca de Whisky hacía lanzamiento de campaña, lo único que había que pagar era 4 mil colones, es decir el doble de mi presupuesto. Angustiado busqué quien me prestara ese dinero pero parece que la situación de pobreza era generalizada.

A quien si me encontré fue a otra niña que me mataba y con quien había empezado a salir en el tiempo reciente y me ilusionaba mucho el camino que eso iba tomando, ella me replantea la invitación pero con una sutil diferencia, me dice “Tengo dos entradas a la fiesta del Planet”, resuelto ese problema ya pude ir con los 2 mil coloncitos doblados en el pantalón para regresar a mi casita ya pasadas las hostilidades. Mientras todos bailaban la música Axe, que era la gran novedad en Costa Rica, yo estaba encallado en medio de la pista sin poder si quiera seguir los pasos con la vista. Entre el divagar la vi en una de las escaleras de la disco, me disculpé para ir al baño y me le acerque, ella me recibe con un fuerte abrazo en lo que le digo, jugando de tipo cool, que si me había decidido a ir al final.

Ella se acerca al oído como para combatir contra el estruendo del Pe pe re pe y me dice mientras su aliento penetraba hasta mi martillo haciendo melodías esa música brasileña de mierda. – Hoy estoy sola- como nunca la había visto; yo voltee a la pista y vi a la niña con que llegué, bailando encantadora y sola en medio de la pista, trague grueso entonces y alejando la cara le dije –Yo no- mientras me alejaba.

- Dos mil colones son los que nos terminaron por separar- Le dije viendo el estañón de palomitas de maíz que me habían costado más caras que eso


- El tiempo nunca nos hizo ningún bien- Mientras apoyaba el teléfono sobre su panzota de nueve meses y yo veía a un oso polar ahogarse.


- Aquel Zapote no moviste la cara en ningún momento-


- Vos tampoco le ayudaste mucho al tiempo-

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eso es lo que yo llamo una buena historia, perfectos los tiempos, emocionante...