jueves, 8 de octubre de 2009

sexo, gracias

En ese momento rodábamos jadeantes por las gradas, como en una persecución pero alternada, la multiplicidad de ángulos al llegar a la curva donde se asciende a lo que imagino eran los cuartos nos permitía cogernos en cuarta dimensión.

Ni la tortuga del cuento de Carroll, ni el desarrollo globalizado de Latinoamérica avanzaban tan lento como esta masacre que iniciabamos hacía 2 horas mientras dejamos mi camisa trabada en la puerta, creo que hasta el “Bienvenidos” del felpudo lo llevaba sobrepuesto en mi malherida espalda, victima como muchas veces de un ataque licantrópico de uñas acrílicas.

Y pensar que no habían pasado cuatro horas desde que éramos un par de desconocidos, bueno todavía lo éramos, si con costo llegue a escuchar su nombre y lo recuerdo porque me parecía que la dibujaba, desde luego no lo mencionaré, si con costos logro recordar que era vasca y que lo primero que le dije fue “que bien me sentaría un pimpín con salsa verde en este momento”.

Lo que si no olvido era ese cuerpo macizo, esculpido, tallado de carne y musculo, recuerdo sus marcas de expresión de mujer que acostumbra reír, su léxico de marinero con acento eusquera y la forma compulsiva en que fumaba un cigarrillo detrás de otro.

Tampoco olvido que esa noche llegue con dos amigos al bar de siempre a lanzar dardos, que en el primer recorrido crucé a la barra, saludé al cantinero y me di cuenta que la esquina la ocupaban un par de mujeres hermosas ya grandecitas, salude de reojo y continúe con mi pichel de bebida a lanzarle tres veces al 20 y así sucesivamente hasta que decidí cambiar la diana por una móvil.

Regresamos pues a la barra, recuerdo también que el comentario se afianzó en el hecho de que esa noche éramos tres cocineros los improvisados dardistas, una buena entrada afianza el camino y claro que ella era una esplendida conversadora y en algunas ocasiones yo puedo tener cosas interesantes que decir. Rapidito la noche se fue focalizando en nosotros, al punto que mis amigos empezaron a conversar entre ellos y la amiga de ella tuvo que regresar a su vida cotidiana.

Y bueno, llega un punto donde un hombre sabe que es lo que tiene que hacer, quizás no todos pero los que nos preciamos de haber tenido vidas divertidas; dejamos todo los pudores, miedos e inseguridades en una cajetilla y no te pones romántico, galán o intenso sino llanamente vulgar, hasta cochino, ser una especie de animal visceral compuesto en un 90% de feromonas y fluidos corporales.

Y te sentís cazador cuando lo cierto del caso es que esa era un decisión que ya se había tomado por vos, cuando ella se ponía ese brillo corporal que acreditaba los quiebres sabrosos de su cuerpo de vicio y aquella pantaleta que transparentaba a negro su pubis inestimable y esos huesos de cadera que parecían un tratado de anatomía. Ya en ese momento ella había decidido coger conmigo, solo que para ese momento aun no sabia como me llamaba, o como me iba a ver (si es que ahora lo sabe, lo dudo) imagino que si había decidido sobre mi edad.

Lo imagino porque a mi primer comentario subido de tono atacó con todo su repertorio de movidas y enroques, con sus mil y una noches en la legión extranjera. Sin embargo le arruine un poco el juego de roles cuando le hice saber que si se andaba buscando un niño que impresionar buscara en otra parte así que debía empezar a verme como su igual o llamar esto una noche.

Yo por mi parte ya la venía desnudando con palabras desde que empezamos a hablar, no con mis proezas o mis atributos sexuales sino con lo que me hace débil y como me gustaría comerme esas partes de su cuerpo que no tienen nombre, como atrás de los brazos o debajo de las costillas, como me gustaría colonizar esa espaldita pequeña y lanzarla de a una mano en cualquier esquina de cualquier cuarto del mundo, como me gustaría dejar sus labios arrugaditos como pasas, como los dedos de las manos cuando se pasa mucho tiempo mojados. Cabe notar que para este momento no tenía una gota de sangre en ninguna otra parte de mi cuerpo.

Fue más o menos al tiempo en que ella me aclaró que tenía esposo, que su esposo estaba fuera del país y esa noche no tenía nada de ganas de dormir sola. El no era ni un mal hombre ni la desatendía, ni la maltrataba, ella no pensaba en dejarlo ni atravesaban ninguna crisis, en ese momento no precisábamos de ninguna justificación para abordar su camioneta blanca en dirección oeste.

Baje mi cabeza para que no la vieran sus vecinos ingresar con un desconocido, en realidad había bajado mi cabeza desde que pasamos el peaje y bueno, si me encontraban tal vez podían haberme pasado por un ginecólogo muy poco profesional o el muchacho del bikini line.

En fin, fue sexo, de ese vacio que critican en las peliculas de Keanu… de eso se trataba esto, no intercambiamos números ni piropos según lo silentemente acordado, a penas recordaba su nombre, que era estilista y cada una de las células de su babilónica piel de demonia vasca. Cuando nos despedimos antes de que clareara el día nos dijimos gracias.

Pasaron los meses y los recuerdos de la noche fueron palideciendo en el olvido y algunas historias del mismo corte pero pasó una cosa curiosa. Yo había restablecido relaciones, ahora de corte amistoso con una mi exnovia, esas que resulta mejor cambiarle el rol para no tener que dejar de verlas, pues resulta que fui a buscarla a la agencia de modelaje en la que era trabajaba.

Cuando entre a la agencia me tope con una pared en la que habían como fotos de personas con las que colaboraban, como una especie de cuadro de créditos. Note que una foto me estaba observando a los ojos, claro que era ella con el cabello corto y platinado, tan guapa como la recordaba, me quede viéndola absorto, fue tan sospechosa mi expresión que mi amiga me preguntó:

-Ah ¿Conoces a A******? Ella es estilista para la agencia, la conozco desde hace años, ella fue la que me peino para mi graduación de sexto grado de escuela-

5 comentarios:

César B. dijo...

"Reír, pues, y luego seguir nuestro camino." Michel Onfray.

BBBB dijo...

Por que a mi no me pasan estas cosas!??!?!? ja ja ja

Unknown dijo...

BBBB, no se ahueve, esto le pasa solo a Pelos, a los taxistas y a uno que otro personaje de Arjona...

.....................

Buena historia, pero como le comenté a su amigo, casi que me regresé a aquellos días que tenía yo una novia un poco lejos de mi casa y viajaba en taxi, cada noche un carro diferente, cada noche un amigo diferente, cada noche una historia diferente; pero una cosa en común, todo un poco difícil de creer...

Azopfeiffer dijo...

A todos nos han pasado algo similar, sino mis sinceras condolencias

brujadelmar dijo...

"¿Qué adelantas sabiendo mi nombre?
Cada noche tengo uno distinto"

Me recordé...