A la par de la casa de mis abuelos se pasaron a vivir unos niños guatemaltecos, el papá trabajaba para un organismo internacional y había llegado a Costa Rica por esa misma razón yo me hice amigo de ellos, tal vez no eran millonarios pero para si tenían muchas más posibilidades de las que me podían dar mis papás en ese tiempo.
Digo, para mi una barra de mantequilla Dos Pinos era un lujo muy ocasional, un tarro de frutas en conserva era navidad. Ellos eran socios del Castillo, iban a una escuela donde les enseñaban francés, tenían un fax y lo más impresionante… tenían un cuarto solo para sus juguetes.
Y en definitiva el mundo de un niño se determina a través de los juguetes, no importa en que casa vivas, no importa que ropa uses o si tu papa es travesti o presidente, importa cuales son tus juguetes (Ya cuando cumplís unos 14 años tus juguetes vienen incorporados).
También cabe entender que vivíamos en un mundo mattel, las fabulas que veía eran He Man, GI Joe, Thundercats o Transformers, todas diseñadas a partir de líneas de juguetes, por esta razón tu entorno mental era de juguetes, hoy por hoy todavía sueño con el día en que me dejen solo en una juguetería.
Nada te hacía más feliz que el día en que tu mama llegaba con un juguete, por ninguna razón, solo para jugar, eso era mejor que navidad porque te tomaba por sorpresa. Creo que podría ser papá solo para ver la mirada de un hijo cuando cruzo la puerta con un muñeco nuevo.
Mis vecinos tenían el escorpión gigante de los transformer, la casa de los thundercats, a stratos, men at arms, C3p0, un ALF, pantrho, y miles de esos diminutos soldados gringos con que no se podía jugar. Yo por mi parte. Tenía unas abominaciones chinas que eran como para cortar relaciones diplomáticas, con músculos que parecían atrofiados y los ojos y la boca pintados al lado de donde deberían por una descoordinación de la maquina.
No podíamos decir que se tratara de piratería, más bien pertenecía a una especia de ficción sin historia en donde los buenos eran una especia de vikingos o caballeros medievales y los malos siempre eran una formas de animales antropomórficos (y como querían que no fuéramos predadores después de eso) con el mismo cuerpo de los buenos pero en colores. Obviamente la cosa era no desaprovechar moldes.
Yo le decía a mis amigos que esos pertenecían a unas fabulas que no habían llegado a Costa Rica y que ellos no la habían visto ni en cable porque era súper moderna y seguro solo la daban en el cable pero de Estados.
Con ellos jugaba futbol, luchas, de guerra, de carreras, etc. No por menospreciar el trabajo de los chinos (y esperando que hagan mejores estadios que tiliches) siempre se les rompía una liga que llevaban uniendo las dos piernas, era lo primero que se iba, después el soporte de la cabeza y en algunos casos el eje de los brazos (esos eran los menos). Entonces tocaba repararlos.
Con cinta adhesiva, pedazos de globos estallados, calcomanías de campañas políticas o del trabajo de mi mama que era en una empresa de embutidos, tijeras desafiladas y en el mejor de los casos tape eléctrico, al tiempo descubrí que también podía alterarlos, hacerles ropas que no los hicieran ver como los mismo 10 muñecos de siempre y de esa forma tuve cientos de juguetes.
Todavía conservo bajo mi cama una caja con esos viejos destartalados juguetes, en recuerdo del tiempo en que me di cuenta que si un día consigo suficiente cinta adhesiva, bien podría arreglar el mundo.
martes, 16 de junio de 2009
jueves, 4 de junio de 2009
esquizofrenia
Caminando por las calles oscuras con ropas raídas, esquivo los carros que insisten en arrollarme, yo era grande pero cuando saltaba caía pequeño. Si yo soy grande ¿Porque debo rehuirles? Cuando los confronto se hacen diminutos y se cuelan entre mis piernas a toda velocidad, aceleran como desquiciados evadiéndome.
Sus conductores desaparecen y sus ventanitas se hacen de metal, me lanzo tras de ellos tratando de poseerlos para mi pero ahora soy enorme y mis inmensas manos poco pueden hacer para enganchar esos raudos vehículos que me enloquecen.
Soy tan grande que las calles son pequeñas, desde arriba puedo ver la luz pero mi espalda tapa completamente al sol y llena de sombras a mis pies, ya no quiero ser grande, quiero montarme en uno de esos diminutos carros y manejar como un demente, devorar el pavimento y escapar del gigante.
Soy tan grande que soy el mundo y olvido las calles pequeñas en la medida que encuentro otras mayores, nuevos carros gigantescos me quieren destrozar pero yo ya no quiero enfrentarlos para tener luego que perseguirlos.
Con un terminal esfuerzo lleno mis manos de mi vida y me lanzo y rozo con los dedos una pequeña ambulancia, la velocidad se come mi mente, viajo a un millón de años luz por segundo, cada carro es una vida, cada carro es una historia.
Me pasaré lo que me queda de vida en el suelo, siendo arrollado por diminutas historias veloces.
Sus conductores desaparecen y sus ventanitas se hacen de metal, me lanzo tras de ellos tratando de poseerlos para mi pero ahora soy enorme y mis inmensas manos poco pueden hacer para enganchar esos raudos vehículos que me enloquecen.
Soy tan grande que las calles son pequeñas, desde arriba puedo ver la luz pero mi espalda tapa completamente al sol y llena de sombras a mis pies, ya no quiero ser grande, quiero montarme en uno de esos diminutos carros y manejar como un demente, devorar el pavimento y escapar del gigante.
Soy tan grande que soy el mundo y olvido las calles pequeñas en la medida que encuentro otras mayores, nuevos carros gigantescos me quieren destrozar pero yo ya no quiero enfrentarlos para tener luego que perseguirlos.
Con un terminal esfuerzo lleno mis manos de mi vida y me lanzo y rozo con los dedos una pequeña ambulancia, la velocidad se come mi mente, viajo a un millón de años luz por segundo, cada carro es una vida, cada carro es una historia.
Me pasaré lo que me queda de vida en el suelo, siendo arrollado por diminutas historias veloces.
viernes, 8 de mayo de 2009
otras 10 divagaciones
1. La casa de subastas británica Christies subastó por $37 500 una fotografía captada por Lee Friedlander en donde aparece explícitamente desnuda la cantante Madonna. Aunque no trascendió la identidad del comprador, podríamos asegurar que es una persona evidentemente no relacionada con el Google Image Search.
2. El sacerdote católico Alberto Cutié, famoso por sus apariciones en televisión, radio y medios escritos, fue recientemente relevado de sus funciones por el arzobispo de Miami, Jonh Favarola tras la salida al aire de fotografías en donde aparece en actitudes afectuosas (meter la mano entre las piernas es sin duda una actitud afectuosa) con una mujer en las playas de Miami. Esto se diferencia de la tradicional actitud eclesiástica en donde sacerdotes pederastas que se han implicados en escándalos sexuales les fue privadamente llamada la atención o trasladados, incluso son famosos los casos en que la iglesia a pagado sumas millonarias para evitar fenomenos mediáticos que hieran la el buen nombre de los implicados. Moraleja, la iglesia acepta los escándalos sexuales pero es absolutamente intolerante ante el heterosexualismo.
3. He considerado convertirme al rastafarismo por ser la única religión que propone enviar a los negros de regreso a África (racismo únicamente con fines humorísticos).
4. La modelo Jennifer Barrantes se unió a la, todavía breve, lista de videos porno que aparecen en la red. La grabación es evidentemente realizada por quien (al menos en ese momento fue) su pareja, muchos han cuestionado la decisión de las muchachas de grabarse en escenas en principio intimas, la moraleja de la historia es: Dejen de estar criticando estupideces si quieren seguir viendo ricas travesearse.
5. Todos tenemos que creer en algo, yo personalmente creo en la ciencia, el poder del dinero y el cumplimiento forzado de las leyes, esa es mi santísima trinidad.
6. Así de pronto, me provoca ponerte un cenicero en el ombligo y pasarme tres días comiendo concha… y fumando.
7. No me gustó el ciudadano Kane, no entiendo a Pink Floyd, no se usar el twitter ni facebook, no me parece sexy Angelina Jolie, odio a Bono y Britney me gustaba más cuando gordita y hecha mierda, ya está, lo dije.
8. La estupidez debería ser hemorrágica.
9. Mi tipo favorito de house es el merengue house.
10. La humanidad debe estar siempre al borde de un Armagedón para darle sentido a su existencia, cuando abandonamos la crisis de misiles de la Guerra Fría nos estacionamos en el agujero de la Capa de Ozono, posterior a eso las Profecías de Nostradamus, el Y2K, el hombre del turbante blanco, el Ántrax, el Ébola, el 2012 de los mayas y hoy el muy de moda Calentamiento Global. Aparentemente el tener una amenaza mayor sobre nuestras cabezas hace que desestimemos nuestros problemas de convivencia, nuestras metas por cumplir, la insatisfacción personal y todas las cosas que si deberíamos estar atendiendo.
El mundo no se va a acabar, usted si, desde el día que nacemos estamos muriendo. Quiéralo o no lo más probable es que nunca llegaremos a ver el cataclismo de Al Gore, asi pase en 30 años. La prudencia recomienda que le preste más atención a ese que ve al espejo todos los días que al oso polar que se ahoga en la Antártida, créame que el no se preocupa por usted.
2. El sacerdote católico Alberto Cutié, famoso por sus apariciones en televisión, radio y medios escritos, fue recientemente relevado de sus funciones por el arzobispo de Miami, Jonh Favarola tras la salida al aire de fotografías en donde aparece en actitudes afectuosas (meter la mano entre las piernas es sin duda una actitud afectuosa) con una mujer en las playas de Miami. Esto se diferencia de la tradicional actitud eclesiástica en donde sacerdotes pederastas que se han implicados en escándalos sexuales les fue privadamente llamada la atención o trasladados, incluso son famosos los casos en que la iglesia a pagado sumas millonarias para evitar fenomenos mediáticos que hieran la el buen nombre de los implicados. Moraleja, la iglesia acepta los escándalos sexuales pero es absolutamente intolerante ante el heterosexualismo.
3. He considerado convertirme al rastafarismo por ser la única religión que propone enviar a los negros de regreso a África (racismo únicamente con fines humorísticos).
4. La modelo Jennifer Barrantes se unió a la, todavía breve, lista de videos porno que aparecen en la red. La grabación es evidentemente realizada por quien (al menos en ese momento fue) su pareja, muchos han cuestionado la decisión de las muchachas de grabarse en escenas en principio intimas, la moraleja de la historia es: Dejen de estar criticando estupideces si quieren seguir viendo ricas travesearse.
5. Todos tenemos que creer en algo, yo personalmente creo en la ciencia, el poder del dinero y el cumplimiento forzado de las leyes, esa es mi santísima trinidad.
6. Así de pronto, me provoca ponerte un cenicero en el ombligo y pasarme tres días comiendo concha… y fumando.
7. No me gustó el ciudadano Kane, no entiendo a Pink Floyd, no se usar el twitter ni facebook, no me parece sexy Angelina Jolie, odio a Bono y Britney me gustaba más cuando gordita y hecha mierda, ya está, lo dije.
8. La estupidez debería ser hemorrágica.
9. Mi tipo favorito de house es el merengue house.
10. La humanidad debe estar siempre al borde de un Armagedón para darle sentido a su existencia, cuando abandonamos la crisis de misiles de la Guerra Fría nos estacionamos en el agujero de la Capa de Ozono, posterior a eso las Profecías de Nostradamus, el Y2K, el hombre del turbante blanco, el Ántrax, el Ébola, el 2012 de los mayas y hoy el muy de moda Calentamiento Global. Aparentemente el tener una amenaza mayor sobre nuestras cabezas hace que desestimemos nuestros problemas de convivencia, nuestras metas por cumplir, la insatisfacción personal y todas las cosas que si deberíamos estar atendiendo.
El mundo no se va a acabar, usted si, desde el día que nacemos estamos muriendo. Quiéralo o no lo más probable es que nunca llegaremos a ver el cataclismo de Al Gore, asi pase en 30 años. La prudencia recomienda que le preste más atención a ese que ve al espejo todos los días que al oso polar que se ahoga en la Antártida, créame que el no se preocupa por usted.
miércoles, 6 de mayo de 2009
lo pandémico no quita lo apocalíptico
Aunque no suene creíble, yo forme parte de la Comisión Panamericana para el combate contra la Pandemia de Influenza.
Para los que no me conocen debo aclarar, con un importante componente de vergüenza, que soy periodista y actualmente trabajo para un organismo del estado, en mi condición me convocaron a reunirme un 25 de noviembre a las 8 de la mañana en un salón de un hotel capitalino. De nuevo, para los que no me conocen, mi cumpleaños es el 24 de noviembre.
El día anterior nos reunimos un bonito grupo de amigos y nos metimos una de esas borracheras que dejan cicatrices en el hígado, una fiesta agresiva hasta las 4 de la mañana por casi todos los bares abiertos, a la mañana siguiente mi sistema nervioso central estaba colapsado.
Llegue casi una hora tarde y me senté lo más lejos posible de mis bien dormidos colegas, me serví un vaso de agua helada del metálico pichel que me habían colocado al frente, prácticamente podía sentir un corazón alterno latiendo en cada sien mientras me presentaba ante el grupo.
La consultoría la pagaba la Organización Panamericana de la Salud y la impartía una conocida y desparecida figura de la televisión que trataba de integrar con sus chistes a un grupo de funcionarios que a diferencia mía agradecían el día fuera de la oficina y el Cordon Bleu de pollo.
Me serví el segundo vaso, parecía que el agua evitaba mi lengua como yo el matrimonio, sentía la boca como si me hubiera tomado una candela, me serví el tercer vaso de agua. Comenzaron hablando de los alcances de esta pandemia de gripe aviar (en realidad en cualquier caso es humana), al principio parecía una gripe normal pero yo sabia que en algún punto eso tenía que tomar proporciones apocalípticas.
Con mis ojos avinagrados divisaba afuera de las puertas de vidrio un delicioso bar frente a la piscina, originalmente en preparativos pero según fue avanzando la mañana lleno de ejecutivos con disponibilidad de tiempo con sus bloody mary y sus gin tonics viendo la Eurocopa.
En un momento el paisaje se puso caótico, empezamos a contar los posibles muertos por miles, las ciudades colapsaban, los niños con sus últimas fuerzas se espantaban las moscas de sus agobiadas caritas, se cerraban los aeropuertos, la gente veía sus rostros perderse detrás de mascaras protectoras que poco hacían para detener la mortal pandemia (que es más que epidemia según aprendí).
Afuera se detiene un penal, se escucha el sonido de las copas chocar, las risas estridentes, la caída de los cubos de hielo indica que es tiempo de otro g&t. Adentro, se detienen el transito aéreo, se escucha el sonido de los automóviles chocando para alejarse desesperadamente de la zona, los alaridos alarmantes, la caída de la bolsa indica que si sobrevivimos enfrentaremos la crisis económica.
Se realiza un inventario detallado de los medios a nuestro alcance. Yo puedo aportar un hígado goteante, ojos conservados en balsámico, manos descarapeladas y amarillas, una mañana sin esperanzas de terminar y un resumen de las incidencias del juego de afuera.
Nos advierten de la posibilidad, bueno, ya no de la posibilidad sino de la seguridad que vengan a tocar nuestras puertas en horas de la madrugada y nos lleven en un traje de esos como los que usaba Aldrin y Amstrong, nos trasladaran a un comando central desde donde no tenderíamos mayor contacto con nuestras familias hasta que lográramos derrotar a Godzilla.
Los síntomas de la temida enfermedad nos fueron finalmente revelados, la influenza produce estornudos con sensación de resfriado, fiebre alta de hasta 39 °C, cansancio intenso con dolores musculares y articulares. El malestar general suele provocar el encamamiento del paciente durante dos o tres días, con dolores musculares generalizados, fluido nasal e irritación ocular. Ósea, gripe.
En ese momento sentía que los ojos se me ponían verdes, si estos hijueputas entendieran por lo que yo estaba pasando no me harían esto, mi calor corporal debía estar rebasando el millón de grados centígrados, había dormido 20 minutos y estaba más cansado que Forrest Gump, de haber tenido músculos estoy seguro que me dolerían, que putas saben ustedes de irritación ocular y fluidos nasales!!!!!
Levanté la mano y pregunté: “¿Perdón, seguimos hablando de gripe?”. Las señoras indignadas se rasgaban las vestiduras, obviamente yo no entendía la gravedad de esa inminente urgencia, el moderador me explicaba que en España murieron como un millón de personas a principio de siglo por esto, que las poblaciones más vulnerables son los niños y los ancianos, que los hospitales colapsarían, que en los circos crecerían los enanos y las mujeres se volverían irremediablemente frígidas, o mil cosas más para asustarme.
Admito que nunca he sido un hambre de ciencia: bloquee el discovery channel porque me estorbaba entre el 11 y el de las novelas mexicanas, siempre he creído que los inventores más brillantes están trabajando en la industria de los cepillos de dientes porque crean un aparato maravillosamente innovador cada corte comercial y conozco a Einstein por su peinado a Newton por la manzana y a Hawking por los Simpson.
Sin embargo esto no me calzaba en mi paradigma, continúe diciendo que entendía perfectamente que ellos tenían que justificar sus presupuestos anuales pero que la próxima vez que quisieran inventar un fenómeno de este tipo, 4 jinetes voladores son siempre llamativos. Les rogué que la próxima reunión se olvidaran de invitarme o les iba a toser y después los iba a abrazar, cruce la puerta de vidrio y me pedí un gin & tonic.
No fue difícil demostrarle a mis jefes que mi rabieta fue justificada, con solo ver la carpeta llena de dibujos infantiles y advirtiendo medidas de seguridad que de todas formas debían de aplicarse ¿O fue necesario un contagio masivo para aprender a lavarnos las manos? Me dieron luz verde para renunciar a la comisión bajo la acusación de fatalistas escandalosos.
Como se podrán imaginar fue extraño ver los cientos de enfermos en México, las personas con máscaras, los países negándole la entrada a los aztecas, Obama llamando a conferencia de prensa urgente y el decreto de pandemia. Ya se lo que nunca me volverá a pasar, nunca volveré a ser parte de la minoría racional.
Me di cuenta que se siente muy bien decir “te lo dije” después de ser tachado como el loco apocalíptico, por eso la historia recuerda a Moisés y Jesus; y se olvidara de todos nosotros los que creemos que las personas no regresan de la muerte y no estaríamos dispuestos a vagar 40 años en el desierto ni por encontrar la tierra de las vaginas y la miel.
Al fin y al cabo, el alarmismo y la estupidez también llegan a ser pandémicos.
Para los que no me conocen debo aclarar, con un importante componente de vergüenza, que soy periodista y actualmente trabajo para un organismo del estado, en mi condición me convocaron a reunirme un 25 de noviembre a las 8 de la mañana en un salón de un hotel capitalino. De nuevo, para los que no me conocen, mi cumpleaños es el 24 de noviembre.
El día anterior nos reunimos un bonito grupo de amigos y nos metimos una de esas borracheras que dejan cicatrices en el hígado, una fiesta agresiva hasta las 4 de la mañana por casi todos los bares abiertos, a la mañana siguiente mi sistema nervioso central estaba colapsado.
Llegue casi una hora tarde y me senté lo más lejos posible de mis bien dormidos colegas, me serví un vaso de agua helada del metálico pichel que me habían colocado al frente, prácticamente podía sentir un corazón alterno latiendo en cada sien mientras me presentaba ante el grupo.
La consultoría la pagaba la Organización Panamericana de la Salud y la impartía una conocida y desparecida figura de la televisión que trataba de integrar con sus chistes a un grupo de funcionarios que a diferencia mía agradecían el día fuera de la oficina y el Cordon Bleu de pollo.
Me serví el segundo vaso, parecía que el agua evitaba mi lengua como yo el matrimonio, sentía la boca como si me hubiera tomado una candela, me serví el tercer vaso de agua. Comenzaron hablando de los alcances de esta pandemia de gripe aviar (en realidad en cualquier caso es humana), al principio parecía una gripe normal pero yo sabia que en algún punto eso tenía que tomar proporciones apocalípticas.
Con mis ojos avinagrados divisaba afuera de las puertas de vidrio un delicioso bar frente a la piscina, originalmente en preparativos pero según fue avanzando la mañana lleno de ejecutivos con disponibilidad de tiempo con sus bloody mary y sus gin tonics viendo la Eurocopa.
En un momento el paisaje se puso caótico, empezamos a contar los posibles muertos por miles, las ciudades colapsaban, los niños con sus últimas fuerzas se espantaban las moscas de sus agobiadas caritas, se cerraban los aeropuertos, la gente veía sus rostros perderse detrás de mascaras protectoras que poco hacían para detener la mortal pandemia (que es más que epidemia según aprendí).
Afuera se detiene un penal, se escucha el sonido de las copas chocar, las risas estridentes, la caída de los cubos de hielo indica que es tiempo de otro g&t. Adentro, se detienen el transito aéreo, se escucha el sonido de los automóviles chocando para alejarse desesperadamente de la zona, los alaridos alarmantes, la caída de la bolsa indica que si sobrevivimos enfrentaremos la crisis económica.
Se realiza un inventario detallado de los medios a nuestro alcance. Yo puedo aportar un hígado goteante, ojos conservados en balsámico, manos descarapeladas y amarillas, una mañana sin esperanzas de terminar y un resumen de las incidencias del juego de afuera.
Nos advierten de la posibilidad, bueno, ya no de la posibilidad sino de la seguridad que vengan a tocar nuestras puertas en horas de la madrugada y nos lleven en un traje de esos como los que usaba Aldrin y Amstrong, nos trasladaran a un comando central desde donde no tenderíamos mayor contacto con nuestras familias hasta que lográramos derrotar a Godzilla.
Los síntomas de la temida enfermedad nos fueron finalmente revelados, la influenza produce estornudos con sensación de resfriado, fiebre alta de hasta 39 °C, cansancio intenso con dolores musculares y articulares. El malestar general suele provocar el encamamiento del paciente durante dos o tres días, con dolores musculares generalizados, fluido nasal e irritación ocular. Ósea, gripe.
En ese momento sentía que los ojos se me ponían verdes, si estos hijueputas entendieran por lo que yo estaba pasando no me harían esto, mi calor corporal debía estar rebasando el millón de grados centígrados, había dormido 20 minutos y estaba más cansado que Forrest Gump, de haber tenido músculos estoy seguro que me dolerían, que putas saben ustedes de irritación ocular y fluidos nasales!!!!!
Levanté la mano y pregunté: “¿Perdón, seguimos hablando de gripe?”. Las señoras indignadas se rasgaban las vestiduras, obviamente yo no entendía la gravedad de esa inminente urgencia, el moderador me explicaba que en España murieron como un millón de personas a principio de siglo por esto, que las poblaciones más vulnerables son los niños y los ancianos, que los hospitales colapsarían, que en los circos crecerían los enanos y las mujeres se volverían irremediablemente frígidas, o mil cosas más para asustarme.
Admito que nunca he sido un hambre de ciencia: bloquee el discovery channel porque me estorbaba entre el 11 y el de las novelas mexicanas, siempre he creído que los inventores más brillantes están trabajando en la industria de los cepillos de dientes porque crean un aparato maravillosamente innovador cada corte comercial y conozco a Einstein por su peinado a Newton por la manzana y a Hawking por los Simpson.
Sin embargo esto no me calzaba en mi paradigma, continúe diciendo que entendía perfectamente que ellos tenían que justificar sus presupuestos anuales pero que la próxima vez que quisieran inventar un fenómeno de este tipo, 4 jinetes voladores son siempre llamativos. Les rogué que la próxima reunión se olvidaran de invitarme o les iba a toser y después los iba a abrazar, cruce la puerta de vidrio y me pedí un gin & tonic.
No fue difícil demostrarle a mis jefes que mi rabieta fue justificada, con solo ver la carpeta llena de dibujos infantiles y advirtiendo medidas de seguridad que de todas formas debían de aplicarse ¿O fue necesario un contagio masivo para aprender a lavarnos las manos? Me dieron luz verde para renunciar a la comisión bajo la acusación de fatalistas escandalosos.
Como se podrán imaginar fue extraño ver los cientos de enfermos en México, las personas con máscaras, los países negándole la entrada a los aztecas, Obama llamando a conferencia de prensa urgente y el decreto de pandemia. Ya se lo que nunca me volverá a pasar, nunca volveré a ser parte de la minoría racional.
Me di cuenta que se siente muy bien decir “te lo dije” después de ser tachado como el loco apocalíptico, por eso la historia recuerda a Moisés y Jesus; y se olvidara de todos nosotros los que creemos que las personas no regresan de la muerte y no estaríamos dispuestos a vagar 40 años en el desierto ni por encontrar la tierra de las vaginas y la miel.
Al fin y al cabo, el alarmismo y la estupidez también llegan a ser pandémicos.
lunes, 13 de abril de 2009
nunca tuvimos parís
Quede de esperarla frente a las escaleras eléctricas de Louvre, justo bajo ese entramado de pirámides de cristal en donde , según Dan Brown y nadie más que Dan Brown, descansan los restos de María Magdalena.
Tenía ya varios años de no verla, por los menos 4 o 5, cuando éramos compañeros universitarios nos juntábamos frecuentemente a tomar whisky barato y hablar pelotudeces, pero desde que vino a vivir a Paris tan siquiera nos conversamos una vez.
Cuando supe que iba a tener una visita de un par de días por su ciudad mientras hacia un trabajo sobre el Palacio de Versalles, le escribí un correo electrónico que ella me contesto anexando su celular, la llame entonces desde Chamonix y la invite a por un traguete cuando pusiera pie en la ciudad luz.
Ella estaba haciendo un documental sobre la crisis de medio oriente para un canal francés, acomodamos su agenda con la mía y decidimos encontrarnos frente al referido museo. Cuando la vi venir fue una de esas raras ocasiones en que la realidad supera tus expectativas.
Su nariz respigada amputaba al corazón de Dios, tenía una mirada indiferente, como la de quien sabe que es linda y eso es poco importante contra sus otros destellos, tenía un cuello interminable de esos que podrías empezar a besar sobre los hombros y terminar ya cuando viejo… hermosa, brutalmente hermosa.
Cuando me vio sonrió, compartimos un par de “Que has sido de vos?” y caminamos, nos instalamos en un café de Rimoli a tomarnos una cerveza, saque de mi bolsillo una caja de cigarros de los que traía de Costa Rica (nunca viajo sin suficientes de mis cigarros, es lo único que somatiza mi mal de patria), ella había dejado de fumar hace algunos meses pero no se pudo resistir al sabor del tabaco de ayer, el tabaco de la que fue su patria.
Tuvimos una charla un poco de inventario, posiblemente no tan bien lograda, ella se despidió y se marcho hacia la clase que tenía en la noche, le di el numero de mi hotel y quedamos en que trataríamos de vernos una vez más.
Cuando llegue a mi hotel al siguiente día encontré un mensaje, respondí la llamada y acordamos ir a cenar a su lugar favorito, nos encontramos en el sitio, un pequeño local en el barrio latino con paredes de ladrillo y música a lo Edith Piaff donde se cenaba comida francesa tradicional a la luz de las velas, como podrán notar, el universo se confabulaba contra mi salud mental.
Con el salto de las palabras nos íbamos enredando en anécdotas, carcajadas y confidencias, ese día las cosas se daban fáciles, éramos los mismos que solíamos ser en la terraza de su casa, con un crawfords en vaso plástico y vino en tetra brick, éramos casi los mismos pero algo había cambiado, algo se sentía diferente, algo se sentía tibiecito.
Salimos del restaurante y ella se despidió a regañamodo porque vivía lejos de esa zona, y el metro no era un lugar seguro a altas horas de la noche, fue entonces que mi tontería de macho de pueblo salió a flote, sin conocer el idioma, sin haberme montado nunca al metro, con taxis impagables y un sentido de la orientación más débil que mi sentido común le dije: No te preocupés, yo te llevo a tu casa.
Un poco aliviada con esto fuimos a tomarnos unos tragos, la noche era fría y el pastisse le ayudaba a la circulación, el trago se me hace espantoso, igual que el ouzo (de hecho no podría diferenciar uno de otro) pero la noche seguía su mismo efecto, pasaba de cristalina a turbia, a blanquecina y consistente.
Después de unas copas me preguntó por nuestros amigos de Costa Rica, yo saque mi tarjeta prepagada de llamadas y desde su teléfono contactamos con uno de ellos, después de la evidente sorpresa tome el teléfono y le dije a mi amigo: “Acá estoy perdido, intentando convencer a esta mujer que se case conmigo, que yo vengo a cantar canciones frente a Los Inválidos, que manejo el carrito de la basura pero no se quiere casar conmigo”, ella me arrebata al teléfono y le die en un tono de película de Belmondo: “¿Quién dice que no me quiero casar con él?”.
El problema es que ella si se iba a casar, pero con su novio de años, un medio francés con quien había tomado la decisión de dar el salto desde la Latinoamérica que los había adoptado por la Francia que los vio nacer, era un niño con pedigree con quien convivía en ese barrio malo al cual yo me aprestaba a irla a dejar. Justamente por esos días se encontraba fuera del país visitando a sus padres y yo me encontraba en el país visitando a su novia.
Ella se me hacia más maravillosa cada vez, era linda, inteligente, simpática, cosmopolita, artista y muy mujer. Ya empezaba a entender la diferencia de esa noche. Ella siempre había sido maravillosa, bellísima y encantadora, y a pesar que siempre me tuvo presente y el cariño que me dedicaba, nunca había existido en ella una respuesta a nivel de atracción, por eso nunca me había vuelto loco por ella, eran simples señales no correspondidas que se perdían en el vacio y terminaban por convertirse en ruido que se muere cuando nadie escucha, como las cartas del niño o las oraciones en general.
Hoy era diferente, me veía retratado hermoso en sus ojos inmensos, cada sonrisa tenía un tono cómplice, un calorcito que venia de adentro, buscábamos excusar para chocar, para retar al destino a decírmelo en la calle, creo que la distancia nos había hecho nacer peligrosamente y eso se sentía rico, eso se sentía tibiecito.
Tomamos el último metro a Saint Dennis, el vagón parecía de película, entre turcos y africanos, Ella se hizo un moño y se puso una bufanda y unos anteojos grandes, como de señor, para no llamar la atención, se veía aún más bella. Yo me colocaba tras de ella y chocaba con su hombro tímidamente, aprendíamos a tocarnos como en clave Morse: dos golpes suaves significan “que guapas estás”, dos golpes suaves y un pulso constante significan “lo que vos y yo haríamos en la cama no tiene perdón de Dios”.
Como mascotas perdidas caminamos las calles, nos reíamos de las señales de alto, conversábamos con los indigentes, mediamos la luna con el pulgar, llegamos a la puerta de su casa y yo subí a llamar un taxi para regresar a mi Novotel, cruzamos la puerta y nos servimos un par de tragos mientras se nos olvidaba hacer esa llamada, coloque un disco de los años primeros de el flaco Sinatra y deambule hacia ella.
Para ese momento todo era muy turbulento, mis labios se amotinaban como tropas hambrientas contra el resto de mi cuerpo, mi mirada se coloco firmemente en el objetivo como buscando una excusa, un bastión que nos sacara seguros de tierra agreste, ella se soltó el pelo y mis hombres se rindieron.
Avance lento pero seguro hacia su boca, finalmente hicimos contacto pero algo paso, nos besamos por no más de 3 segundos y ella dejo caer la mirada, sobre su hombro pude observar las imágenes de la casa que compartía con el, habían mil paseos, veranos en inviernos, detalles mutuos. Esa era la trampa del cazador y había caído, me había dejado llevar a su madriguera, me arranque la pata a mordiscos y me aleje, “No esperaba otra cosa de vos” le dije mientras buscaba la tarjeta del hotel y me encendía un Derby Suave para el camino.
Llegue a mi habitación y me bebí el insomnio, al día siguiente la llame desde la frontera con un tono muy estándar, le agradecí la amabilidad en la visita y nos deseamos la mejor de las suertes mientras tapizábamos los silencios incómodos.
Con el paso de los años nos hemos visto unas cuantas veces más en escenarios alternos, un día nos tomamos unas copas extra y la conversa nos llevo a un punto raro:
-“¿Qué no hiciste en Paris aquella tarde que nos vimos?”
Ella sabia que mis días eran contados y que tuve que sacrificar alguna cosa de mi agenda para encontrarnos en aquella insípida primera salida. Me escondí entre sus intentos sin querer confesar mi costo de oportunidad, ya acorralado tuve que confesar.
-“Louvre, nunca llegue a entrar a Louvre”
Ella sabía que fue ahí donde nos encontramos, que estuve a no más de 10 metros del mayor santuario artístico del planeta pero simplemente no cruce esa línea. Sus ojos le volvieron a brillar bonito y el ambiente se puso nuevamente tibiecito mientras le temblaban los labios exigiendo inmediata atención. Tal vez lo veía como un gran sacrifico pero yo no, para mi fue algo natural, para aclarar sus dudas le explique mis porqués con una sola frase.
“Entendeme mujer, yo fui a Grecia a ver el Partenón, fui a Roma a ver la Capilla Sixtina, pero yo vine a Paris a verte a vos”.
Fin de la primera parte…
Tenía ya varios años de no verla, por los menos 4 o 5, cuando éramos compañeros universitarios nos juntábamos frecuentemente a tomar whisky barato y hablar pelotudeces, pero desde que vino a vivir a Paris tan siquiera nos conversamos una vez.
Cuando supe que iba a tener una visita de un par de días por su ciudad mientras hacia un trabajo sobre el Palacio de Versalles, le escribí un correo electrónico que ella me contesto anexando su celular, la llame entonces desde Chamonix y la invite a por un traguete cuando pusiera pie en la ciudad luz.
Ella estaba haciendo un documental sobre la crisis de medio oriente para un canal francés, acomodamos su agenda con la mía y decidimos encontrarnos frente al referido museo. Cuando la vi venir fue una de esas raras ocasiones en que la realidad supera tus expectativas.
Su nariz respigada amputaba al corazón de Dios, tenía una mirada indiferente, como la de quien sabe que es linda y eso es poco importante contra sus otros destellos, tenía un cuello interminable de esos que podrías empezar a besar sobre los hombros y terminar ya cuando viejo… hermosa, brutalmente hermosa.
Cuando me vio sonrió, compartimos un par de “Que has sido de vos?” y caminamos, nos instalamos en un café de Rimoli a tomarnos una cerveza, saque de mi bolsillo una caja de cigarros de los que traía de Costa Rica (nunca viajo sin suficientes de mis cigarros, es lo único que somatiza mi mal de patria), ella había dejado de fumar hace algunos meses pero no se pudo resistir al sabor del tabaco de ayer, el tabaco de la que fue su patria.
Tuvimos una charla un poco de inventario, posiblemente no tan bien lograda, ella se despidió y se marcho hacia la clase que tenía en la noche, le di el numero de mi hotel y quedamos en que trataríamos de vernos una vez más.
Cuando llegue a mi hotel al siguiente día encontré un mensaje, respondí la llamada y acordamos ir a cenar a su lugar favorito, nos encontramos en el sitio, un pequeño local en el barrio latino con paredes de ladrillo y música a lo Edith Piaff donde se cenaba comida francesa tradicional a la luz de las velas, como podrán notar, el universo se confabulaba contra mi salud mental.
Con el salto de las palabras nos íbamos enredando en anécdotas, carcajadas y confidencias, ese día las cosas se daban fáciles, éramos los mismos que solíamos ser en la terraza de su casa, con un crawfords en vaso plástico y vino en tetra brick, éramos casi los mismos pero algo había cambiado, algo se sentía diferente, algo se sentía tibiecito.
Salimos del restaurante y ella se despidió a regañamodo porque vivía lejos de esa zona, y el metro no era un lugar seguro a altas horas de la noche, fue entonces que mi tontería de macho de pueblo salió a flote, sin conocer el idioma, sin haberme montado nunca al metro, con taxis impagables y un sentido de la orientación más débil que mi sentido común le dije: No te preocupés, yo te llevo a tu casa.
Un poco aliviada con esto fuimos a tomarnos unos tragos, la noche era fría y el pastisse le ayudaba a la circulación, el trago se me hace espantoso, igual que el ouzo (de hecho no podría diferenciar uno de otro) pero la noche seguía su mismo efecto, pasaba de cristalina a turbia, a blanquecina y consistente.
Después de unas copas me preguntó por nuestros amigos de Costa Rica, yo saque mi tarjeta prepagada de llamadas y desde su teléfono contactamos con uno de ellos, después de la evidente sorpresa tome el teléfono y le dije a mi amigo: “Acá estoy perdido, intentando convencer a esta mujer que se case conmigo, que yo vengo a cantar canciones frente a Los Inválidos, que manejo el carrito de la basura pero no se quiere casar conmigo”, ella me arrebata al teléfono y le die en un tono de película de Belmondo: “¿Quién dice que no me quiero casar con él?”.
El problema es que ella si se iba a casar, pero con su novio de años, un medio francés con quien había tomado la decisión de dar el salto desde la Latinoamérica que los había adoptado por la Francia que los vio nacer, era un niño con pedigree con quien convivía en ese barrio malo al cual yo me aprestaba a irla a dejar. Justamente por esos días se encontraba fuera del país visitando a sus padres y yo me encontraba en el país visitando a su novia.
Ella se me hacia más maravillosa cada vez, era linda, inteligente, simpática, cosmopolita, artista y muy mujer. Ya empezaba a entender la diferencia de esa noche. Ella siempre había sido maravillosa, bellísima y encantadora, y a pesar que siempre me tuvo presente y el cariño que me dedicaba, nunca había existido en ella una respuesta a nivel de atracción, por eso nunca me había vuelto loco por ella, eran simples señales no correspondidas que se perdían en el vacio y terminaban por convertirse en ruido que se muere cuando nadie escucha, como las cartas del niño o las oraciones en general.
Hoy era diferente, me veía retratado hermoso en sus ojos inmensos, cada sonrisa tenía un tono cómplice, un calorcito que venia de adentro, buscábamos excusar para chocar, para retar al destino a decírmelo en la calle, creo que la distancia nos había hecho nacer peligrosamente y eso se sentía rico, eso se sentía tibiecito.
Tomamos el último metro a Saint Dennis, el vagón parecía de película, entre turcos y africanos, Ella se hizo un moño y se puso una bufanda y unos anteojos grandes, como de señor, para no llamar la atención, se veía aún más bella. Yo me colocaba tras de ella y chocaba con su hombro tímidamente, aprendíamos a tocarnos como en clave Morse: dos golpes suaves significan “que guapas estás”, dos golpes suaves y un pulso constante significan “lo que vos y yo haríamos en la cama no tiene perdón de Dios”.
Como mascotas perdidas caminamos las calles, nos reíamos de las señales de alto, conversábamos con los indigentes, mediamos la luna con el pulgar, llegamos a la puerta de su casa y yo subí a llamar un taxi para regresar a mi Novotel, cruzamos la puerta y nos servimos un par de tragos mientras se nos olvidaba hacer esa llamada, coloque un disco de los años primeros de el flaco Sinatra y deambule hacia ella.
Para ese momento todo era muy turbulento, mis labios se amotinaban como tropas hambrientas contra el resto de mi cuerpo, mi mirada se coloco firmemente en el objetivo como buscando una excusa, un bastión que nos sacara seguros de tierra agreste, ella se soltó el pelo y mis hombres se rindieron.
Avance lento pero seguro hacia su boca, finalmente hicimos contacto pero algo paso, nos besamos por no más de 3 segundos y ella dejo caer la mirada, sobre su hombro pude observar las imágenes de la casa que compartía con el, habían mil paseos, veranos en inviernos, detalles mutuos. Esa era la trampa del cazador y había caído, me había dejado llevar a su madriguera, me arranque la pata a mordiscos y me aleje, “No esperaba otra cosa de vos” le dije mientras buscaba la tarjeta del hotel y me encendía un Derby Suave para el camino.
Llegue a mi habitación y me bebí el insomnio, al día siguiente la llame desde la frontera con un tono muy estándar, le agradecí la amabilidad en la visita y nos deseamos la mejor de las suertes mientras tapizábamos los silencios incómodos.
Con el paso de los años nos hemos visto unas cuantas veces más en escenarios alternos, un día nos tomamos unas copas extra y la conversa nos llevo a un punto raro:
-“¿Qué no hiciste en Paris aquella tarde que nos vimos?”
Ella sabia que mis días eran contados y que tuve que sacrificar alguna cosa de mi agenda para encontrarnos en aquella insípida primera salida. Me escondí entre sus intentos sin querer confesar mi costo de oportunidad, ya acorralado tuve que confesar.
-“Louvre, nunca llegue a entrar a Louvre”
Ella sabía que fue ahí donde nos encontramos, que estuve a no más de 10 metros del mayor santuario artístico del planeta pero simplemente no cruce esa línea. Sus ojos le volvieron a brillar bonito y el ambiente se puso nuevamente tibiecito mientras le temblaban los labios exigiendo inmediata atención. Tal vez lo veía como un gran sacrifico pero yo no, para mi fue algo natural, para aclarar sus dudas le explique mis porqués con una sola frase.
“Entendeme mujer, yo fui a Grecia a ver el Partenón, fui a Roma a ver la Capilla Sixtina, pero yo vine a Paris a verte a vos”.
Fin de la primera parte…
martes, 31 de marzo de 2009
5 de la Calaca
Quien sepa que fue la Calaca se lleva 20 millones de puntos reiki
1. Adrián: ¿Estarías de acuerdo con que Chávela Vargas venga a morir a Costa Rica?
Azopfeiffer: Claro, de hecho deberían habilitar un número 900 para decidir como quisiéramos que muriera.
Mi personal favorita sería la opción A, cáncer de Próstata.
2. Bienvenido a la Calaca, el único programa cuya Sala de Redacción es mayoritariamente heterosexual, muérase de la envidia el canal del trencito.
3. A todos los choferes, remeseros, buceros, taxistas y demás trabajadores del volante que se acerquen al balcón de la radio, les estaremos regalando porno, y no esas revistas “de buen gusto y fotografía artística”, el porno que está diseñado únicamente para irse a matar a pajas.
4. …Me le puede enviar un saludo a mi primita que esta cumpliendo años en Puntarenas…
–Claro, un saludo imaginario a la primita de esta ignorante que piensa que Radio Victoria se escucha a más de cuatro cuadras de la estación.
5. Caen la torres gemelas, el mundo esta al borde de una gran guerra y Costa Rica no se aísla de esto, surge en nuestras mentes una solución conciliadora: (más de un año antes que lo hiciera Televisa y Telefe)
Aprovechando el boom que había generado el Big Brother mexicano, una mente maestra con poderes casi infinitos albergó a líderes mundiales (también a Abel Pacheco y a Oscar Arias) para que los oyentes de Radio Victoria (curiosa selección mediática) escogieran por medio de sus llamadas y votos electrónicos al próximo regente de la humanidad.
A la casa ingresa George W Bush, Saddam Hussein, Osama Bin Ladem, Tony Blair, Oscar Arias, Abel Pacheco, Jose Maria Aznar y demás habitantes de la casa. Resúmenes diarios y entrevista en confesionario iban narrando la bizarra pero carcajeante convivencia entre los señores, quienes irían abandonando la casa semanalmente (el que menos votos acumulaba iba jalando) hasta conseguir un gran ganador que sería premiado con el mundo.
Un Saddam como el malo de las fabulas, Oscar Arias con un ego que no cabía en la casa, un Osama que nunca se dejo ver ni escuchar, un George que era el matón del colegio (con problemas de retraso mental, obviamente) y entre todos un personaje que se robo el corazón de nuestra limitadísima audiencia.
Tony era un buen muchacho, con sentimientos puros y transparentes que se había enamorado perdidamente de George y de la piednas de Adrian, tenía problemas de seseo que no lo limitaban para escibidle poemads a Geordgie y a cantadle canciones como Cadless Wisped.
Para el visionario Gran Armado que nos enseño a que siempre es mejor hacer el humor y no la guerra.
1. Adrián: ¿Estarías de acuerdo con que Chávela Vargas venga a morir a Costa Rica?
Azopfeiffer: Claro, de hecho deberían habilitar un número 900 para decidir como quisiéramos que muriera.
Mi personal favorita sería la opción A, cáncer de Próstata.
2. Bienvenido a la Calaca, el único programa cuya Sala de Redacción es mayoritariamente heterosexual, muérase de la envidia el canal del trencito.
3. A todos los choferes, remeseros, buceros, taxistas y demás trabajadores del volante que se acerquen al balcón de la radio, les estaremos regalando porno, y no esas revistas “de buen gusto y fotografía artística”, el porno que está diseñado únicamente para irse a matar a pajas.
4. …Me le puede enviar un saludo a mi primita que esta cumpliendo años en Puntarenas…
–Claro, un saludo imaginario a la primita de esta ignorante que piensa que Radio Victoria se escucha a más de cuatro cuadras de la estación.
5. Caen la torres gemelas, el mundo esta al borde de una gran guerra y Costa Rica no se aísla de esto, surge en nuestras mentes una solución conciliadora: (más de un año antes que lo hiciera Televisa y Telefe)
Aprovechando el boom que había generado el Big Brother mexicano, una mente maestra con poderes casi infinitos albergó a líderes mundiales (también a Abel Pacheco y a Oscar Arias) para que los oyentes de Radio Victoria (curiosa selección mediática) escogieran por medio de sus llamadas y votos electrónicos al próximo regente de la humanidad.
A la casa ingresa George W Bush, Saddam Hussein, Osama Bin Ladem, Tony Blair, Oscar Arias, Abel Pacheco, Jose Maria Aznar y demás habitantes de la casa. Resúmenes diarios y entrevista en confesionario iban narrando la bizarra pero carcajeante convivencia entre los señores, quienes irían abandonando la casa semanalmente (el que menos votos acumulaba iba jalando) hasta conseguir un gran ganador que sería premiado con el mundo.
Un Saddam como el malo de las fabulas, Oscar Arias con un ego que no cabía en la casa, un Osama que nunca se dejo ver ni escuchar, un George que era el matón del colegio (con problemas de retraso mental, obviamente) y entre todos un personaje que se robo el corazón de nuestra limitadísima audiencia.
Tony era un buen muchacho, con sentimientos puros y transparentes que se había enamorado perdidamente de George y de la piednas de Adrian, tenía problemas de seseo que no lo limitaban para escibidle poemads a Geordgie y a cantadle canciones como Cadless Wisped.
Para el visionario Gran Armado que nos enseño a que siempre es mejor hacer el humor y no la guerra.
lunes, 16 de marzo de 2009
la piramide de lazo
Leí en el periódico un anuncio en donde se solicitaban periodistas, publicista, relacionistas públicos, sicólogos, sociólogos, expertos en marketing, administradores, y cualquier tipo de desempleado. Ofrecían crecimiento inmediato, grandes estímulos económicos, agradable ambiente laboral, horarios flexibles, viajes, capacitaciones, etc, etc, etc. Y después de 6 meses dos etc. más.
A cualquier persona con sentido común se le habría ocurrido que eso no podía ser cierto, pero cuando usted es un joven licenciado en periodismo y desempleado, el sentido común le queda guindando.
Me apersone a la entrevista con una corbata prestada, una camisa grande, pantalones gastados y zapatos informales (el uniforme de la primera entrevista), cuando aparecí, ya la fila era de unos 50, algunos similares a mi, otros mayores, todos con cara de desesperación.
Después de recoger nuestros currículos (el mío podría haber venido en una servilleta) y posiblemente tirarlos de inmediato, empezaron el proceso de inducción, el líder de este grupito era un mexicano parecido al ratón Crispín, el empezó a conversarnos sobre la importancia del ingles mientras yo pensaba: “Que mal, este trabajo requiere negociaciones en ingles y mi idioma esta algo herrumbrado”
No mucho más tarde me di cuenta que el negocio era vender esos cursos de ingles, el salón se había vaciado casi por completo y solo quedábamos la carne de cañón, los que caímos en el canto de las sirenas, los que pensamos que verdaderamente en 6 meses íbamos a estar comprando el Mercedes. No me fije al momento que el señor estaba manejando un corolla del 88 con un vidrio reparado con bolsa plástica.
Una vez que acepte el puesto, o me gané el puesto, nos dividieron en grupos. Había tigres, leones, osos y nuestro grupo, los delfines, este era un intento más para destruir mi autoestima, los delfines son más gays que el porno gay. Mi jefa era una negra mal encarada que me recordaba una maestra negra que había tenido en segundo grado de escuela.
Con el paso del tiempo todos comenzaron a vender excepto yo, evidentemente. Ellos te daban un papel en donde te escribían tus palabras para no tener que pensar:
Usted sabía que el idioma ingles es vital para desempeñarse en el mundo actual…
Que la mayor parte del mundo se comunica en ese idioma…
Que es una importante herramienta para aspirar a los mejores trabajos (como el mio)…
Que el 100% de los capítulos de Seinfeld fueron grabados en ese idioma, que es la lengua de Madonna, que cool se dice en ingles, que sirve para entender las etiquetas de Kool Aid, bla bla bla…
El rollo era contactar a alguien por teléfono, pedirle una cita, sino por lo menos 5 contactos, cuando llegaras a la cita atraparlo hasta que aceptara firmar el dineral que costaba la carajada.
Claramente lo de los contactos se prestaba para bromas entre amigos, el producto era verdaderamente difícil de vender, era caro, era irreal, intangible y muy choteado. Estas empresas piramidales han basado su sistema en contratar a imberbes que le vendan sus primeros contratos a su círculo familiar y después renuncien al no poder hacer lo mismo con extraños.
Pero para conseguir eso necesitan un poco de motivación adicional, ahí es donde entra el Señor Lazo….
El Señor Lazo es una especie de gurú de los negocios, a veces se decía que de Perú, a veces de México, a veces de Xanadú. El visitaba el país ocasionalmente, dejando una lluvia de leche y miel tras sus pies, juntaba un grupo de destacados vendedores y se los llevaba a una charla motivacional a el Hotel Fiesta, con su respectiva borrachera y culeadera entre los empleados.
Anunciaban la llegada del señor Lazo con un par de mese de anticipación, los empleados viejos cuentan como lo conocieron en Panamá, o como el les regalo una pluma de oro (que nunca vi), nos leían mensajes de fax, fotos de sus oficinas en Miami, y otras señales mesiánicas.
Solo teníamos que vender 5 paquetes, eso era todo, 5 paquetes y escalaríamos a la cima del sabio de la montaña que abriría nuestras mentes a oportunidades protohumanas de enriquecimiento lícito
Nos reuníamos dos veces al día, hacíamos dinámicas de juegos, baile ¿Mencioné que le habíamos compuesto canciones a el Señor Lazo? (Procura visitarnos más, y no reparo de lo que venderé)
Pasados dos semanas sin vender, mi autoestima estaba explorando nuevos niveles de subterranismo, yo me veía al espejo y me detestaba, me reclamaba:
-Éramos alguien, teníamos sueños ¿Por qué nos estas haciendo esto?
No existe sensación más frustrante que la de estar sobrecalificado para un puesto y aún así, no poder desempeñarlo.
Pasados los días, mi odio se propagaba y empezaba a odiarlos a todos, con sus estúpidas sonrisas, con sus corbatas de animalitos, sus pantimedias con carriles. Me invitaban los fines de semana a ir a bailar a Castro s, llevaban sus trastes llenos de arroz, frijoles, pollo en salsa, macarrones, ensalada y lo revolvían todo hasta formar una pasta irreconocible, algo así como el aspecto de mi dignidad por esos días.
Yo no salía corriendo por loca persistencia, no quería renunciar hasta haber vendido un plan, y no quería embarcar a nadie conocido con una pelotudez de estas, así que todos los días me sentaba al teléfono, marcaba y leía:
¿Usted está consciente que el ingles….
Un día marco un numero de forma casi inerte, y pregunto, buenas ¿Este es el teléfono de… Emilio Bruce?
-Si señor
-¿Usted esta consciente de la importancia del ingles?
-Si señor, como presidente de la Cámara de Empresarios debería de estarlo
-¿Como esta su manejo del idioma ingles?
-Mire muchacho, yo estudie en EEUU, diariamente hablo en ese idioma, escribo en ese idioma, hasta pienso en ese idioma.
-Pero incluso para una persona que sabe hablar inglés es preciso actualizarse (leído, obviamente)
…
Ya no quisiera continuar con el tema que todavía me da vergüenza, todavía me siento tristemente estafado, el primero en la cadena de estafados y tratando de arrastrar a otros conmigo.
Mi familia me decía a diario que renunciara, que ya surgirían otras oportunidades, me atendían desde un rendija de la puerta, me hacían ir 5 veces a finiquitar un contrato de alguien que siempre supo que no lo iba a tomar, me gritaban, me jodian, se me reían en la cara… Esto realmente no es una critica contra ese trabajo, es realmente un sentido homenaje, los vendedores en pirámide son héroes anónimos, dispuestos a hacer el ridículo para que usted no lo tenga que hacer, luchando todos los días contra los malos modos de la vida, salvándose del suicidio cada vez que venden un miserable plan que les da 10 mil pesos.
El último día regrese tarde de almorzar a una carismática congregación laboral que me esperaba con una especie de intervención, explicándome como hacia falta un poco más de esfuerzo para sacar las cosas adelante, ahí di mi brazo a torcer, despedace todos los contratos que llevaba paseando una semana, me arranque mi gafete de delfín, borre mi nombre de la lista de lo “podemos hacer más”, camine hacia la puerta y libere mi mes y medio de frustración con un grito del alma, con una absolución de la pena, con los ojos en fuego y las mangas arrolladas les dije:
“¡EL SEÑOR LAZO NO EXISTE!!!!!”
A cualquier persona con sentido común se le habría ocurrido que eso no podía ser cierto, pero cuando usted es un joven licenciado en periodismo y desempleado, el sentido común le queda guindando.
Me apersone a la entrevista con una corbata prestada, una camisa grande, pantalones gastados y zapatos informales (el uniforme de la primera entrevista), cuando aparecí, ya la fila era de unos 50, algunos similares a mi, otros mayores, todos con cara de desesperación.
Después de recoger nuestros currículos (el mío podría haber venido en una servilleta) y posiblemente tirarlos de inmediato, empezaron el proceso de inducción, el líder de este grupito era un mexicano parecido al ratón Crispín, el empezó a conversarnos sobre la importancia del ingles mientras yo pensaba: “Que mal, este trabajo requiere negociaciones en ingles y mi idioma esta algo herrumbrado”
No mucho más tarde me di cuenta que el negocio era vender esos cursos de ingles, el salón se había vaciado casi por completo y solo quedábamos la carne de cañón, los que caímos en el canto de las sirenas, los que pensamos que verdaderamente en 6 meses íbamos a estar comprando el Mercedes. No me fije al momento que el señor estaba manejando un corolla del 88 con un vidrio reparado con bolsa plástica.
Una vez que acepte el puesto, o me gané el puesto, nos dividieron en grupos. Había tigres, leones, osos y nuestro grupo, los delfines, este era un intento más para destruir mi autoestima, los delfines son más gays que el porno gay. Mi jefa era una negra mal encarada que me recordaba una maestra negra que había tenido en segundo grado de escuela.
Con el paso del tiempo todos comenzaron a vender excepto yo, evidentemente. Ellos te daban un papel en donde te escribían tus palabras para no tener que pensar:
Usted sabía que el idioma ingles es vital para desempeñarse en el mundo actual…
Que la mayor parte del mundo se comunica en ese idioma…
Que es una importante herramienta para aspirar a los mejores trabajos (como el mio)…
Que el 100% de los capítulos de Seinfeld fueron grabados en ese idioma, que es la lengua de Madonna, que cool se dice en ingles, que sirve para entender las etiquetas de Kool Aid, bla bla bla…
El rollo era contactar a alguien por teléfono, pedirle una cita, sino por lo menos 5 contactos, cuando llegaras a la cita atraparlo hasta que aceptara firmar el dineral que costaba la carajada.
Claramente lo de los contactos se prestaba para bromas entre amigos, el producto era verdaderamente difícil de vender, era caro, era irreal, intangible y muy choteado. Estas empresas piramidales han basado su sistema en contratar a imberbes que le vendan sus primeros contratos a su círculo familiar y después renuncien al no poder hacer lo mismo con extraños.
Pero para conseguir eso necesitan un poco de motivación adicional, ahí es donde entra el Señor Lazo….
El Señor Lazo es una especie de gurú de los negocios, a veces se decía que de Perú, a veces de México, a veces de Xanadú. El visitaba el país ocasionalmente, dejando una lluvia de leche y miel tras sus pies, juntaba un grupo de destacados vendedores y se los llevaba a una charla motivacional a el Hotel Fiesta, con su respectiva borrachera y culeadera entre los empleados.
Anunciaban la llegada del señor Lazo con un par de mese de anticipación, los empleados viejos cuentan como lo conocieron en Panamá, o como el les regalo una pluma de oro (que nunca vi), nos leían mensajes de fax, fotos de sus oficinas en Miami, y otras señales mesiánicas.
Solo teníamos que vender 5 paquetes, eso era todo, 5 paquetes y escalaríamos a la cima del sabio de la montaña que abriría nuestras mentes a oportunidades protohumanas de enriquecimiento lícito
Nos reuníamos dos veces al día, hacíamos dinámicas de juegos, baile ¿Mencioné que le habíamos compuesto canciones a el Señor Lazo? (Procura visitarnos más, y no reparo de lo que venderé)
Pasados dos semanas sin vender, mi autoestima estaba explorando nuevos niveles de subterranismo, yo me veía al espejo y me detestaba, me reclamaba:
-Éramos alguien, teníamos sueños ¿Por qué nos estas haciendo esto?
No existe sensación más frustrante que la de estar sobrecalificado para un puesto y aún así, no poder desempeñarlo.
Pasados los días, mi odio se propagaba y empezaba a odiarlos a todos, con sus estúpidas sonrisas, con sus corbatas de animalitos, sus pantimedias con carriles. Me invitaban los fines de semana a ir a bailar a Castro s, llevaban sus trastes llenos de arroz, frijoles, pollo en salsa, macarrones, ensalada y lo revolvían todo hasta formar una pasta irreconocible, algo así como el aspecto de mi dignidad por esos días.
Yo no salía corriendo por loca persistencia, no quería renunciar hasta haber vendido un plan, y no quería embarcar a nadie conocido con una pelotudez de estas, así que todos los días me sentaba al teléfono, marcaba y leía:
¿Usted está consciente que el ingles….
Un día marco un numero de forma casi inerte, y pregunto, buenas ¿Este es el teléfono de… Emilio Bruce?
-Si señor
-¿Usted esta consciente de la importancia del ingles?
-Si señor, como presidente de la Cámara de Empresarios debería de estarlo
-¿Como esta su manejo del idioma ingles?
-Mire muchacho, yo estudie en EEUU, diariamente hablo en ese idioma, escribo en ese idioma, hasta pienso en ese idioma.
-Pero incluso para una persona que sabe hablar inglés es preciso actualizarse (leído, obviamente)
…
Ya no quisiera continuar con el tema que todavía me da vergüenza, todavía me siento tristemente estafado, el primero en la cadena de estafados y tratando de arrastrar a otros conmigo.
Mi familia me decía a diario que renunciara, que ya surgirían otras oportunidades, me atendían desde un rendija de la puerta, me hacían ir 5 veces a finiquitar un contrato de alguien que siempre supo que no lo iba a tomar, me gritaban, me jodian, se me reían en la cara… Esto realmente no es una critica contra ese trabajo, es realmente un sentido homenaje, los vendedores en pirámide son héroes anónimos, dispuestos a hacer el ridículo para que usted no lo tenga que hacer, luchando todos los días contra los malos modos de la vida, salvándose del suicidio cada vez que venden un miserable plan que les da 10 mil pesos.
El último día regrese tarde de almorzar a una carismática congregación laboral que me esperaba con una especie de intervención, explicándome como hacia falta un poco más de esfuerzo para sacar las cosas adelante, ahí di mi brazo a torcer, despedace todos los contratos que llevaba paseando una semana, me arranque mi gafete de delfín, borre mi nombre de la lista de lo “podemos hacer más”, camine hacia la puerta y libere mi mes y medio de frustración con un grito del alma, con una absolución de la pena, con los ojos en fuego y las mangas arrolladas les dije:
“¡EL SEÑOR LAZO NO EXISTE!!!!!”
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